Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL 12ª JORNADA DE LIGA

Un brindis por el fútbol

Barcelona y Atlético empatan en un partido muy pasional

Vive Dios que aun sin Ronaldo hay fútbol en el Camp Nou. El líder y el campeón acreditaron sus títulos con gran nobleza. El de ayer fue un partido de cuerpo entero. La refriega resultó tan completa que por no haber no hubo ni ganador ni vencido. Barça y Atlético se tutearon de principio a fin del choque sin reparar en nada más que no fuera la pelota. Nadie se rindió hasta que el árbitro dijo basta y los dos equipos se largaron al camerino puño en alto. Reivindicaron los azulgrana su buen nombre con un juego muy pasional. El suyo fue un fútbol vigoroso, de garra y, sobre todo, de afirmación. Le habían negado al equipo hasta el apellido desde que llegó Ronaldo. El grupo entró a la cancha sin pies ni cabeza, y, sin embargo, salió vestido de cuerpo entero. Con Guardiola engrandecido. Con todo el equipo a su espalda, el cuatro azulgrana trenzó un partido majestuoso. Mandó, ordenó, templó y jugó. La emotividad de los azulgrana contagió a los rojiblancos y el choque tuvo aquel tono épico que siempre presidió los duelos entre unos y otros. El Atlético estuvo largo tiempo buscándose, presa de la ansiedad azulgrana, para luego reinar con los signos de identidad que le dieron el doblete en el curso pasado. Fue una refriega disputada a tumba abierta, con el. cuero que iba igual que venía, el marcador saltaba de un lado a otro, el árbitro se confundía igual que acertaba, y la hinchada se desgarraba en la grada.

La contienda fue una película del oeste en toda regla. Hubo tiros en una y otra portería, y ambos porteros acabaron con las manos calientes de tanto humo. No hubo tregua ni en el inicio. El arranque era tan trascendente como la parada. Necesitaba el Barça una salida con trapío para responder a la fragilidad que ofrecía la lectura de una alineación que comenzaba con el nombre de Arnau, un meta procedente del filial azulgrana, cuyos modos recuerdan, a porteros como Zubizarreta.

La ausencia de hasta nueve futbolistas dejó sobre la cancha a un equipó desnaturalizado, pues sólo jugaban tres extranjeros, y, al tiempo, muy acorde con la pizarra de Robson: uno tras otro se repartían los tres centrales por el área grande mientras Iván de la Peña calentaba banquillo un partido más a la espera de una situación más límite que la que pintaba la noche. El técnico azulgrana siempre montó su equipo de atrás hacia adelante: Abelardo se dejó caer sobre Esnaider, Nadal ante Kiko, Guardiola se echó al cogote de Pantic, Popescu cogió por banda a Simeone y Blanc tomó la escoba. La propuesta azulgrana agradó al Atlético. Jugó el grupo de Antic como se suponía. Quiso reducir el campo a un cuadrilátero, para no darle salida al rival y dejó la iniciativa ofensiva a los futbolistas menos dóciles en el uno contra uno.

El Atlético sólo necesitó cinco minutos para desmontar la estrategia defensiva azulgrana. El gol fue de manual: taconazo de Kiko buscando la espalda de los centrales, la entrada por banda de Toni y el cabezazo de Caminero. Un tanto que figuraba en el manual de instrucciones del choque llegó tal y como esperaba el Atlético y temía, el Barça. La jugada dijo muy poco en favor del trabajo táctico de Robson.

El Barça, por contra, no perdió nunca la tensión ofensiva que le dio a la contienda desde su inicio y atrapó el empate en el momento en que el Atlético estaba roncando. El absentismo de Kiko y Caminero le inutilizaron en ataque y las entradas, de Luis Enrique le destrozaron en defensa. Guardiola se asomó en el balcón del área, habilitó a Pizzi y el Barca cazó el empate. Respiró y se echó para atrás. Le regaló el campo al adversario y salió a la carrera. El Atlético, destemplado, se desubicó de tal forma que encajó uno de esos goles que ponen colorado a cualquiera. Luis Enrique retrató a Molina y dejó el mando al Barcelona.

El partido quedó reflejado en el rostro del asturiano. Luis Enrique era el amo del choque, así que la contienda tuvo un tono físico, pegadizo más que lúcido. Vivió el Barca del esfuerzo de sus fajadores hasta bien entrado el segundo tiempo. El Atlético se arremangó nada más volver a la cancha: abrió el campo, tocó hacia los flancos y anunció que se había metido de, nuevo en la batalla. Blanc y Arnau aguantaron al Barça en la primera embestida. Pero una contra clara del colectivo de Antic acabó en la red. El Atlético no paró hasta dar la vuelta a la contienda. Caminero se inventó un penalti y plasmó la jerarquía forastera en el marcador. Robson echó mano entonces de De la Peña y empató Giovanni con un gol programado por Lo Pelat. Ni el 3-3 calmó a los. contendientes.El partido murió con fogonazos en una y otra portería, con toda la hinchada pidiendo que el partido no acabara nunca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de noviembre de 1996