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FÚTBOL OCTAVA JORNADA DE LIGA

Una radiante tarde estival

Ronaldo asume el reto lanzado el sábado por Mijatovic y Suker

El Camp Nou asumió el reto lanzado desde Chamartín. Uno por uno, el Barça fue devolviendo los seis goles que el Madrid (todos ellos con la participación destacada de Mijatovic) le metió a la Real y, una vez zanjada la cuestión de honor, dejó otros dos de propina, agradeciendo la servicialidad del Logroñés y también la beneficiencia de un árbitro que le limpió el partido desde la arrancada hasta la parada.Ronaldo replicó a Mijatovic con un gol que cualquier hincha es capaz de dibujar sin necesidad de moviola, un gol de esos que no se explican sino que se visionan -un toque entre dos zagueros a dos metros de la línea de gol, un escorzo, el portero de morros al suelo, pues siempre necesita tumbar al guardameta, y el remate limpio casi sin ángulo- y Stoichkov quiso entrar en el debate con Suker mostrando su fiereza rematadora, mientras el bueno de Giovanni ofrecía un recital de regates y remates tan saludables como los de Raúl.

No quiso ser menos tampoco el palco, y si en el Bernabéu hay que acudir con corbata, al estadio hay que ir con esmoquin. Hasta Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, y Mario Zagalo, el seleccionador de Brasil, se dieron cita en el mirador del campo para ver a Ronaldo. Y la hinchada, tan feliz, le pidió al técnico brasileño que no vuelva a llevarse a Ronaldinho a Teresina para que juegue un amistoso. Le necesita para liderar la Liga.

La grada se llenó de aficionados pidiendo caña. Querían seis goles lo menos y le ofrecieron ocho de todas las facturas. Fue el quinto 8-0 de la historia en el Camp Nou. No se había visto nada igual desde 1962. El Logroñés salió tan cargado como aquel año el Racing y en su día el Celta, el Zaragoza y el Las Palmas.

La belleza del equipo de Robson está en los goles más que en el juego y toda su racionalidad descansa en los goleadores. Marca quien se supone que debe marcar. Ronaldinho lleva nueve y Stoichkov y Giovanni, cuatro cada uno. 17 sobre 29. La media de goles por partido (3,6) es tan escalofriante que no tiene precedentes en la historia azulgrana. Ni cuando jugaba Romario, ni Cruyff, ni Maradona. Sólo en la época de Evaristo, otro brasileño, hubo tanta artillería como ahora en que manda Ronaldo.

La vuelta del ariete al Camp Nou devolvió los goles y, por primera vez en este curso liguero, mantuvo el equipo su meta a cero, pese a Couto. Ronaldo, que por si solo llevaba tantos goles como todo el equipo del Logroñés, no desperdició ni uno solo de los balones que tramitó. Tardó 20 minutos en entrar en juego y, sin embargo, su primer remate -un cabezazo- fue una clara opción de gol. Una vez entrado en juego, ofreció un muestrario únicamente exigible a un delantero centro brasileño.

En la Liga de Ronaldo un par de futbolistas tratan de hacerse un hueco: Pedja Mijatovic y Davor Suker. Tardaron en aparecer (Suker, por ejemplo, no marcó su primer gol hasta la quinta jornada), pero ambos ya pisan fuerte. Y cosidos a ellos el Madrid se ha ido hacia arriba, aguantando el tren azulgrana.

La alternativa blanca

El delantero croata lleva cuatro encuentros consecutivos haciendo goles: uno al Oviedo, otro al Espanyol, uno más al Racing y tres, el sábado, a la Real. Ya es el máximo realizador de los blancos. Los poderes de Mijatovic son también llamativos: lleva cinco goles (Hércules, Oviedo, Racing y dos a la Real). El sábado participó en todos los tantos de su equipo (dos los marcó, en tres dio el último pase y en el otro provocó el penalti). Son la alternativa blanca al ronaldismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de octubre de 1996