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Tribuna:

Donde las dan...

En la campaña electoral del 3-M, José María Aznar reprochó al PNV que antepusiera en su acción política el "nacionalismo" a la "democracia". Dicho reproche provocó la reacción airada de Xabier Arzalluz -"¿Cómo es posible que el partido de Manuel Fraga se atreva a dar lecciones de democracia al PNV?"- así como la incorporación de un muñecón con la figura de José María Aznar a los mítines nacionalistas en la forma en que pudimos verlo en las imágenes de prensa de aquellos días.Posteriormente, a la vista de los resultados y de las negociaciones para la formación de Gobierno, el reproche popular parecía haber sido olvidado y como si nunca hubiera sido formulado. Pero las apariencias engañan. Ha bastado el primer desencuentro entre el PP y el PNV en materia antiterrorista para que el presidente del Gobierno vasco, José María Ardanza, haya devuelto el reproche al PP (y al PSOE de paso), acusándolo de anteponer el "nacionalismo español" a la democracia en su acción política.

La segunda versión del reproche por parte del presidente del Gobierno vasco tiene el mismo fundamento que la primera por parte del entonces sólo presidente del PP, es decir, ninguno. Ni José María Aznar era quién para darle lecciones de democracia al PNV, ni José María Ardanza es quién para deslegitimar a los dos grandes partidos españoles como consecuencia de una decisión judicial, que difícilmente habría podido ser otra sin que el tribunal hubiera incurrido en prevaricación, y de una decisión política, jurídicamente irreprochable, que difícilmente habría sido distinta en cualquiera de los países democráticos del mundo.

No había un problema de "democracia" antes del 3-M en la actitud del PNV, ni hay tampoco un problema de "democracia" en la acción del Gobierno en relación con el terrorismo. Había discrepancias políticas entonces entre el PP y el PNV en política antiterrorista. Hay discrepancias políticas ahora entre el PNV y el PP en dicho terreno. Discrepancias políticas que son lógicas y que es difícil pensar que vayan a dejar de existir en el futuro.La "identidad" en la política antiterrorista por parte del PNV y el PP (o del PSOE) es prácticamente imposible. Por eso son necesarias las mesas de Ajuria Enea y de Madrid. Si la política antiterrorista de todos los partidos fuera idéntica, las mesas serían superfluas. Son necesarias porque hay discrepancias que tienen que ser canalizadas a través de una política unitaria, que en su formulación tiene que ser de todos, pero que en su ejecución es competencia exclusiva del Gobierno. Esta es la esencia del pacto: renuncia del Gobierno a tener una política propia, haciendo suya la política consensuada con los demás; renuncia de la oposición a criticar públicamente la ejecución por el Gobierno de la política comúnmente definida.

En política antiterrorista estamos, pues, siempre en terreno resbaladizo, en el que hay que tener mucho cuidado con lo que se dice. Las palabras no son nunca inocentes en política. Y menos en este terreno. Si no se hubiera dicho lo que se dijo respecto de la desclasificación de los documentos del Cesid, o respecto de la presión sobre los jueces (la famosa "doctrina" Álvarez Cascos), o sobre la compatibilidad del "nacionalismo" y la "democracia", no estaríamos en este momento en la situación en la que nos encontramos. No se puede jugar a aprendiz de brujo, cuando se es partido de gobierno, aunque todavía no se ocupe el Gobierno. Porque después pasa lo que pasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de agosto de 1996