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TOUR 96

Olano: "Ha sido una contrarreloj de tres contra ocho"

El Mapei inició el día más duro en una situación envidiable para muchos: Olano, segundo, Rominger, tercero, y la general por equipos a su alcance. No mal balance tras un líder insultante como Riis. Siete horas de sufrimiento después: Olano, noveno, Rominger, décimo, y la general por equipos inabordable. ¿Qué paso entre medias? Un juego de valentía, de todo o nada, que se saldó de la peor manera. "Ha sido una contrarreloj de tres contra ocho", resumió Olano."Al Mapei, el mejor equipo del mundo, no le vale de nada quedar segundo en el Tour. Hay que ir a ganar. Vamos a atacar". El siempre circunspecto Juan Fernández apareció contrariado en la salida. Olano, casi lo mismo: "No está mal ser segundo, pero es mejor ser primero", dijo la misma persona que la víspera había declarado que Riis estaba demasiado fuerte.

"La etapa ha sido muy larga y muy dura para mí", dijo después Olano. "En efecto, la intención era atacar, de hecho he seguido una táctica diferente a la de estos días, en los que en la montaña intentaba seguir mi propio ritmo, sin pensar en los demás. En Soudet, sin embargo, cuando se fue Riis intenté seguir su rueda lo más posible, hasta que me reventó". El líder danés, como el día anterior, prefirió atacar antes de dejarse molestar. Con él se fueron unos cuantos, desgraciadamente para Rominger y Olano, aquellos cuyos intereses coincidían en contra de los suyos.

"Ha sido una lástima este día desgraciado", dijo Rominger, que largo tiempo tiró del vagón persecutorio. "Yo sabía que el equipo iba a ser fundamental y cuando al principio me encontré mal hice lo posible por reagruparnos. Estábamos cinco en un principio y luego, tres. Gracias al trabajo me hice la ilusión de que podríamos conectar, pero fue imposible. Delante relevaban los ocho". Rominger, que corre con la rodilla vendada tras dos caídas practicó el autoelogio: "Otros en mi situación habrían abandonado".

Sin rendición

"Rominger me invitó a tirar, pero yo no podía. En Larrau he pasado un momento difícil, me había salido de punto, pero luego me recuperé un poco". Miguel Induráin viajó gran parte de la etapa en el mismo vagón, a cola tras haberse quedado en el Larrau. "Pobrecito, cómo iba a dar un relevo a los Mapei", dijo Eusebio Unzue. "Seguro que más les habría molestado si pasa a cabeza".

Sin embargo, Induráin, subió al podio a recibir el aplauso de sus paisanos, donde Riis hizo el gesto del día: le entregó un ramo de flores y le levantó el brazo de campeón. Antes, a su paso por Villaba, pudo ver de lejos a su familia. "No me puedo rendir ante el Tour, hay que acabarlo", dijo después Induráin. "Estoy tranquilo. Este Tour no me ha ido bien y punto. Llevaba cinco años acertando y éste no".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de julio de 1996