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Editorial:

Posibilismo ruso

RUSIA SE ha hecho a la idea de que la OTAN se va a ampliar hacia el Este. Ante lo inevitable, Moscú sabe que puede condicionar mejor el proceso desde una actitud constructiva. Su negativa despertaría temores que reforzarían los argumentos de las nuevas democracias centreuropeas que quieren ingresar en la Alianza. El cambio de actitud rusa se dejó ya entrever -a pesar de las declaraciones públicas- cuando, unos meses atrás, el secretario general de la OTAN, Javier Solana, acudió a Moscú con la oferta de un diálogo especial. Pero se ha manifestado de forma más abierta y simbólica esta semana en Berlín, en la reunión ministerial entre los 16 miembros de la OTAN y el jefe de la diplomacia rusa, Yevgueni Primakov, un duro que habla con autoridad.Primakov ha pasado de una oposición radical a toda ampliación de la OTAN a discutir el cómo. Rusia estaría mejor dispuesta a una ampliación si ésta no incluyera -al menos de momento- a los países bálticos y no significara estacionar tropas extranjeras ni armas nucleares en el territorio de los Estados candidatos. Este planteamiento coincide con el que se baraja en la Alianza, aunque no satisfaga plenamente a los aspirantes al ingreso.

Facilita también este cambio ruso la transformación de la OTAN hacia una estructura más ligera y flexible, no orientada hacia una única amenaza central y que está fomentando en su seno un pilar europeo. En el desarrollo de las fuerzas separables pero no separadas de la OTAN se contempla la posible participación de unidades de países no aliados. De hecho la realidad se ha adelantado a los planes. La cooperación militar entre la OTAN y Rusia para labores de pacificación en Bosnia funciona satisfactoriamente.

No, es sólo Rusia la que ha flexibilizado su posición. También los aliados occidentales. Moscú ha logrado que la OTAN prestara más atención a sus legítimos intereses de seguridad. En vísperas del encuentro de Berlín, Moscú logró una revisión del Tratado sobre Armas Convencionales en Europa para adaptarlas a las nuevas necesidades y realidades rusas. El canciller alemán, Helmut Kohl, ha afirmado que la nueva relación entre la Alianza y Rusia debería "formar el núcleo de la nueva arquitectura de seguridad europea". Efectivamente, incorporar a Rusia a este proyecto es uno de los grandes retos europeos para que la legítima ampliación de la OTAN no cree artificialmente una nueva línea de división en Europa. Y la permanencia de Yeltsin y su equipo, al menos frente al comunista Ziugánov, no es un elemento irrelevante en este juego de estrategias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 1996