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CARTAS AL DIRECTOR

Aventuras de un visitante en España

He visitado en compañía de varios amigos su país, empezando desde Madrid, del 23 de marzo hasta el 1 de abril, habiendo alquilado un coche durante este tiempo. De forma totalmente ínvoluntaria cometimos dos infracciones de tráfico.1. Mi amigo aparcó delante del Reina Sofía, sin darse cuenta de que estaba allí prohibido al haber otros coches aparcados en el mismo lugar. Consecuencia: se lo llevó la grúa, con la consiguíente multa de 15.000 pesetas y otras 20.000 por gastos de transporte que pagamos.

2. Al día siguiente, mientras nos dirigíamos hacia Salamanca, nos paró un guardia de tráfico por exceso de velocidad al superar los 120 kilómetros mientras intentábamos adelantar a tres camiones (que de paso contaminaban), y nos puso una multa que pagamos.

Los agentes en los dos casos cumplieron su deber y nosotros nuestras obligaciones, pagando las multas, pero sintiéndonos condenados, desprotegidos, sin tener la posibilidad de poder explicarnos en alguno de los idiomas internacionales. En el segundo caso me di cuenta de la autosuficiencia del agente que sólo sabía español y consideraba que era nuestra obligación conocerlo también.

En Grecia, los policías hacen, todo lo posible y hasta lo imposible para ser serviciales con los extranjeros y existen personas capacitadas para atenderlos en idiomas extranjeros. Créame que me sentí como un condenado sin derecho a su defensa.

Tengo que reafirmar por otra parte de mis mejores sentimientos hacia su país y sus amables habitantes.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de mayo de 1996