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FÚTBOL: 38ª JORNADA DE LIGA

Mijatovic alumbra la Liga

El Valencia vence en el Vicente Calderón y estrecha las diferencias en la cabeza

Hay Liga. Pedja Mijatovic decidió ayer aplazar la sentencia del título. En un duelo vibrante, el montenegrino fusiló al Atlético en su estadio y dejó al líder enredado en la confusión, cansado y con un dato inquietante: no gana en el Calderón desde el 25 de febrero. Anoche se topó con un equipo sobrio, decidido y un tanto ventajista, alumbrado por un jugador celestial. Mijatovic marcó cuando mejor jugaba el Valencia; provocó y transformó un penalti con el choque equilibrado; y entregó un gol a Poyatos en el mejor tramo del Atlético. Su predicamento condicionó la, noche, que bailó a su antojo.Al Atlético le palpita el corazón demasiado rápido. Y las piernas no le responden como antaño. Eso le hizo precipitarse demasiado. Le faltó mesura y temple para digerir el choque. No le bastó su fútbol vigoroso para achicar al Valencia, un equipo etiquetado con todo el andamiaje de Luis Aragonés. Y todo lo que eso suscita: orden, aplomo, brega, paciencia y velocidad. Al tejido tradicional de los conjuntos de Luis, el Valencia suma tres jugadores de enorme talento (Mijatovic, Fernando y Viola). Un tridente punzante en la ofensiva, que una y otra vez desestabilizó al líder. En este aspecto, Fernando dio un doctorado: toque delicado para trenzar el ataque y astucia para descubrir el espacio idóneo en la llegada. Su peso es tan indiscutible como el de Mijatovic.

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Luis ha sabido envolver a su trío mágico con un grupo de futbolistas de corte metálizado, que suplen sus carencias a base de agruparse en cada zona del campo de forma militarizada. Y así ahogó al Atlético durante la primera media hora. Le arrebató la pelota y le dejó desnudo. Sin el balón, el Atlético estuvo incómodo, porque su defensa tuvo que echarse más atrás de lo que le gusta. No podía adelantarse para el achique y las líneas rojiblancas se agrietaron. Kiko y Pantic, los puñales de Antic en la de sala de espera del gol se quedaron aislados.

Llegaron entonces los pelotazos rudimentarios de los defensas. Arriba, Penev tan contemplativo como otras muchas tardes, deambuló en el tenderete de los tres centrales valencianistas. Siempre fue un punto de referencia para Otero, Engonga y Camarasa, que sólo torcieron el gesto cuando adivinaron a Biagini calentar en la banda.

Con Fernando de apóstol, el Valencia fue masticando el gol. El duelo latía a su ritmo y Mijatovic lo puso de su lado en un mal despeje de Geli. Sólo la deficiente aportación de Romero evitó una sangría mayor. El mecanismo ofensivo del Valencia era mimético: hacia bascular hacia la izquierda a la defensa en línea del líder hasta que aparecía Fernando para tirar una diagonal al lado derecho. Con Geli agobiado por la sombra de Mijatovic, y el celo que eso despierta en cualquier defensa, irrumpía una y otra vez Romero, con todo el pasillo despejado. Donde había petróleo, el lateral valencianista sólo produjo espigas.

Nada hacía presagiar el empate colchonero. El partido parecía inclinarse hacia la puntilla visitante, pero en los peores momentos el Atlético siempre ha contado durante la temporada con el oxígeno de Pantic. Su mejor fetiche en las tardes de sombras. El grupo de Antic está entrenado como ninguno para la estrategia y cuando ya se apuraba el primer tiempo, le llegó la hora. Fue una falta absurda de José Ignacio sobre Kiko a un metro de la línea del área. Demasiado cerca de la portería como para superar una barrera espigada. Allí estaba el serbio. Frente a frente con Zubizarreta. Éste, el día de su récord (543 partidos en Primera), midió mal la jugada. Malo es regalarle un palo a Pantic, pero aún es más diabólico prestarle los dos. El meta vasco se quedó en el centro, en la zona neutra. Donde quería Pantic, que alojé la pelota junto al poste que debía proteger.

El gol espabiló al Atlético. Y dejó margen para la rectificación de Antic. Despidió a Penev y Roberto y apostó por Caminero, aquejado de gripe, y Biagini. El líder encontró así dos atributos que le faltaban: con Caminero su fútbol tuvo más criterio en algunas ráfagas y con Biagini, el ataque fue más vertiginoso. Llegaron los mejores momentos locales. El juego fue más fluido, más hilvanado y templado que en el primer trecho. El partido adquirió su tono más trepidante. Dos equipos decididos a por los tres puntos, tejieron un choque de ida y vuelta. El empuje atlético encontró una respuesta: menos colectiva del Valencia. La nueva cara del Atlético le había descompuesto. Ya no era el grupo coriáceo del primer tiempo, pero se enganchó a Mijatovic, argumento suficiente para mantenerse vivo. Siempre de la mano de Fernando, Mijatovic apareció en los momentos más intensos para sentenciar al Atlético cuando mejor caminaba. Por su culpa, todos los fastos han quedado aplazados. Vive la Liga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 1996