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El vicio italiano

Un tiempo de regalo. La Juventus se echó atrás en la primera parte y le dejó al Madrid el campo y el balón. Le ahorró la mitad del trabajo. El Madrid debilito y convaleciente de estos tiempos sufre si tiene que pelear por todo el campo. Si se le ahorra la mitad del trabajo puede volcar todas sus energías en la creación y en la llegada, justo donde es más fuerte.Menos lobos. Otra disposición en la segunda parte. La Juve se movió por todo el campo, soltó a Torricelli por la banda derecha e hizo temer por la suerte del Madrid. Pero entonces fue cuando el campeón italiano nos supo a menos y cuando vimos a un Madrid más entero, agresivo y concentrado del que solemos ver. En la Liga española muchos le han hecho sufrir más con menos.

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Del Piero. Empezó desconectado del resto del equipo, cerca de Ravanelli y sin enlace con el resto. Luego bajó a buscar a la media, mientras Lombardo se desplazaba más arriba. En el segundo tiempo se recostó sobre la banda izquierda. Nunca pasó nada. Un gran jugador que no dejó su sello.

García Calvo. La suya era una misión comprometida. Un buen delantero enfrente, Ravanelli, un partido de máximo compromiso y terreno a las espaldas. Salió más que airoso. En exámenes así se ve a los jugadores con futuro.

Redondo-Laudrup. Redondo para manejar, Laudrup para inventar. En su mejor fase, ayudado por las concesiones territoriales de la Juve, los dos fabricaron un fútbol caro. La sustitución de Laudrup por Michel sorprendió, pero podía tener su porqué: Laudrup arriesga más la pelota, busca el pase de peligro a la menor ocasión. Michel podía ralentizar más el ritmo y el partido lo demandaba, porque la Juve estaba sacando las uñas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 06 de marzo de 1996.

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