El centinela del noroeste

Los populares esperan romper su techo en Galicia y el PSOE se conforma con perder un escaño

Santiago de Compostela - 15 feb 1996 - 23:00 UTC

En Galicia, el 3 de marzo no habrá ningún vuelco, porque ya poco queda por tumbar. Fue en el noroeste de la Península donde se comenzó a fraguar en 1981 el desplome de UCD a favor de la emergente derecha de Manuel Fraga. Ocho años después, Galicia se convirtió en la primera comunidad autónoma gobernada por el PP con mayoría absoluta. Ahora, cuando los populares pisan el umbral de La Moncloa y mandan a sus anchas en regiones y ayuntamientos, la tierra de Fraga ha dejado de ser la aldea gala del conservadurismo español. La victoria se adivina espectacular, aunque no especialmente mayor que en todas las citas con las urnas de los últimos siete años. Por mucho que los ciudadanos se suban al carro del triunfador, parece difícil que los populares puedan sumar más de uno o dos escaños nuevos a los 15 logrados en 1993."Aún queda mucho bacalao por cortar", afirma, con fe inquebrantable, el presidente del PSOE gallego, Abel Caballero. "Técnicamente es casi imposible que el PP pueda subir más", aventura Mario López Rico, dirigente del Bloque Nacionalista Galego (BNG), que por primera vez aspira con fundamento a lograr algún asiento en el Congreso. Pero los populares desdeñan las previsiones de sus adversarios y están convencidos de que el día 3romperán un techo que Fraga situó en el 53% en las autonómicas de 1993.

Al PP ya no le vale la victoria, sino que aspira a barrer a sus rivales. Un dirigente popular ilustra sus augurios con un ejemplo: incluso en Vigo, la primera ciudad de Galicia, donde el nuevo alcalde del PP, Manuel Pérez, se ha estrenado en el cargo con escasa fortuna -una subida de impuestos y un proyecto urbanístico con cierto tufillo especulativo han desatado una ola de protestas vecinales-, sus propias encuestas, les garantizan que más de la mitad de los ciudadanos votarán al centro-derecha. En esta certeza, los populares gallegos ya ven a Fraga convertido, a partir del 4 de marzo, en una especie de centinela del Gobierno de José María Aznar, moralmente obligado a compensar al patrón por sus derechos históricos.

Ahora bien, el PP tampoco lo tendrá fácil para traducir la previsible tunda a sus rivales en un incremento de los 15 escaños obtenidos en 1993. Los populares aspiran a arrebatar un diputado al PSOE en Orense, pero los socialistas replican que para ello deberían superar el 60% de los votos, una cota que consideran inalcanzable. En Pontevedra parece muy complicado para el PP acceder al sexto escaño, con lo que la gran batalla se librará en La Coruña.

En esta última provincia, la más urbana y progresista de Galicia, los populares ganaron cinco a cuatro en los anteriores comicios. Ahora, el PSOE deberá hacer frente al empuje del BNG y de Esquerda Unida-Esquerda Galega (EU-EG), que, según los sondeos, tienen posibilidades de alcanzar el 10% y obtener un diputado cada uno. El PP confía en sacar provecho de la división del electorado. de izquierda entre tres formaciones distintas. Hasta tal punto se da importancia a la batalla de La Coruña, que será la única ciudad gallega que visiten en campaña Felipe González y Aznar. Desde mayo pasado, La Coruña es, junto a Girona, el último reducto del poder socialista en los ayuntamientos; pero su alcalde, Francisco Vázquez -también cabeza de cartel en esta ocasión-, arrastra en las municipales una parte importante del voto conservador, que regresa a su opción natural en los comicios autonómicos y generales.

Hacia la galería, el PSOE proclama sus "expectativas razonables" de mantener sus 11 escaños de 1993, a pesar de las traumáticas divergencias internas del partido. Sin embargo, sus dirigentes confiesan en privado que probablemente perderán uno de los dos. diputados por Lugo, donde se elige un parlamentario menos que hace tres años a causa del descenso de población. El gran peligro para los socialistas es el avance del BNG, que lleva tres años devorando a dentelladas su electorado. De ahí que los socialistas no oculten su intención de polarizar al máximo la campaña en un intento de descolocar a los nacionalistas. El otro eje de su discurso será explicar las contradicciones entre las promesas de Aznar y la experiencia del Gobierno de Fraga en cuestiones como el control del gasto o el funcionamiento de la Administración y del Parlamento.

El BNG dice estar preparado para una ocasión histórica. "Por primera vez desde la restauración democrática, Galicia tendrá una voz propia en Madrid", proclama, con seguridad, Mario López Rico. Los nacionalistas esgrimen un dato irrebatible: su implantación se ha asentado tanto en el medio rural como en el urbano; y si se comparan elecciones del mismo signo, desde 1989 no han cesado de crecer. Oscilan entre el techo del 18% logrado en las autonómicas de 1993 y el suelo de algo más del 10% obtenido en las últimas europeas, suficiente, según ellos, para garantizarles un diputado por La Coruña y otro por Pontevedra. En las anteriores generales, les faltaron sólo 2.000 votos para el escaño en ambas provincias. Su principal enemigo seria una participación masiva, por encima del 70%, ya que entre su clientela no abundan los indecisos que acuden a las urnas a última hora.

Al contrario que en el resto de España, el PSOE apenas fustigará a EU-EG, los socios gallegos de Anguita, sin representación en el Parlamento autonómico pero que renacen cuando el electorado acude a las urnas pensando en la política nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 15 de febrero de 1996.

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