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El miedo a la violencia determina la vida diaria del 46% de los jóvenes en EE UU

En los barrios marginales, dos de cada cinco jóvenes llevan armas

El 46% de los adolescentes norteamericanos ha introducido cambios en su vida diaria y en su situación en la escuela por miedo a la violencia y a la criminalidad. En las zonas residenciales de clase media, uno de cada ocho jóvenes lleva un arma encima, por "protección". Pero en los barrios más degradados, la proporción es de dos jóvenes con armas de cada cinco. Son datos de un sondeo entre 2.000 adolescentes encargado por varias asociaciones de prevención de la criminalidad juvenil. Sus resultados coinciden con otras encuestas que afirman que las principales preocupaciones de los norteamericanos, por encima de la economía, son el deterioro de la enseñanza y la violencia en calle y escuelas.

Para Erin Donovan, una de las responsables del Programa Adolescentes, Crimen y Comunidad, que ha encargado el sondeo, "la criminalidad se ha convertido en el Vietnam de esta generación". El problema de las repercusiones de la violencia en el rendimiento escolar fue parte de un reciente estudio de la Asociación de Administradores de Escuelas. Según, Paul Houston, su director, "muchos chicos crecen en lo que puede ser descrito como zonas de guerra y tienen que enfrentarse en sus comunidades con armas, violencia y drogas".La Liga Nacional de Ciudades sondeó el pasado año a 700 comunidades urbanas y rurales y llegó a la conclusión de que sólo en el 11% la violencia no suponía un problema. En aquel estudio, Carolyn Long, concejal del Ayuntamiento de Atlanta, señalaba: "La escuela es cada vez más dura. Los desafíos académicos se hacen más difíciles por la presencia perturbadora de la violencia y por el creciente miedo al crimen en los centros de enseñanza".

Las modificaciones que chicos y chicas introducen en su vida diaria y en el colegio se traducen en varios aspectos y siempre en proporciones muy diferentes según la zona en la que vivan. En líneas generales, el 20% de los chicos y chicas han cambiado de amigos para huir de posibles problemas. Esa misma proporción. evita zonas que considera peligrosas. Uno de cada ocho emplea rutas alternativas para ir al colegio o dice que saca malas notas por culpa del ambiente de miedo y violencia.

Cruz Reinoso, de 37 años, que lleva a su hijo Israel, de 15, al instituto de enseñanza media Walter Johnson de Bethesda, al norte de Washington, cuenta: "A Pesar de que es una escuela más tranquila que muchas, también tiene sus problemas, y es difícil que los chicos no estén en contacto con otros que tienen armas o que llevan drogas". Reinoso comprueba personalmente en las reuniones de padres que los problemas relacionados con la violencia hacen cambiar tanto a profesores, como a alumnos y está al tanto de lo que se cuece en los pasillos del instituto en el que estudia su hijo. "Hay armas en la escuela", dice. "No muchas, pero hay, porque el propio director nos le, dijo".

Mejor quedarse en casa

En los barrios con altos índices de criminalidad, una tercera parte de chicos y chicas dice que se queda con frecuencia en casa o acorta sus horas lectivas por miedo; dos de cada, cinco evitan determinados parques y uno de cada tres atribuye las malas notas, a la violencia.En estos barrios, las bandas juveniles se ven como un medio de integración y emulación: para más del 70% de los adolecescentes, las gangs ocupan una parte importante de su jornada diaria, y dos terceras partes creen que la mayoría de los jóvenes admiran a los miembros de las bandas.

¿Por qué estas actitudes? Ayuda a entenderlo la siguiente respuesta: más de la mitad de los encuestados cree que pertenecer a una banda es "como tener una familia que nunca le falla a uno". Si se sale de estos ambientes, la opinión generalizada es muy contraria a las bandas: El 78% cree que son "destructivas y violentas". El porcentaje global de admiradores de las gangs baja al 25%.

La raza, además de la zona de residencia, refleja serias diferencias en el sondeo. El 22% de los adolescentes blancos tiene la preocupación de poder ser víctima de un tiroteo indiscriminado, frente al 68% que asegura no sentirse preocupado. En el caso de los negros, mitad y mitad: el 44% se confiesa preocupado y el 44% no. Entre los hispanos, el porcentaje es similar: 4 1 %frente a 45%.

Según el Departamento de Justicia, los jóvenes sufren cada vez más los efectos de la criminalidad. Los adolescentes de 12 a 15 años son víctimas de crímenes en mayor medida que cualquier otro grupo de edad. Posiblemente por eso, el sondeo revela qué los propios adolescentes están hartos y quieren hacer algo. Casi el 90% asegura estar dispuesto a participar en grupos de trabajo sobre el problema y a desarrollar actividades educativas y sociales que aborden el asunto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de enero de 1996