Madrid comenta
Sólo hay polvo en las memorias de Cansinos (La novela de un literato, Alianza, tres volúmenes, el último aparecido este año, ¡al fin!, después de muchos años, con un índice de nombres estrábico, que sólo funciona si se adquiere la última edición de los tres volúmenes. Si uno guardó como oro en paño las primeras ediciones de los primeros dos volúmenes, esperando el alfabeto onomástico, uno obtiene así el premio que acostumbra a recibir la lealtad). Sólo polvo, enamorado polvo del periodismo. Periodismo de chulos y mendigos, de sablistas, periodismo con la prosa que resulta de aplastar en la tasca, allí donde la fuente confidente mana y se emborracha, un suelo de cabezas de gamba, bóricas y muy saladas. Adoro ese periodismo, hoy existe, ¡todavía hoy existe!, capaz de escribir sin pestañear: "Todo Madrid comenta...", ese periodismo incorrecto, raspa pura, venganza, traición, ese periodismo sucio. Comprendo que haya que, limpiarse, alabo la tarea depurativa, del periodismo en los últimos cincuenta años, ese tono de, dictado, point à la ligne. Comprendo que tengan también derecho a dedicarse al periodismo las gentes muy nítidas, los sagrados corazones, los prosistas de cristal. Creo, de veras, que hemos mejorado mucho. Que no es imprescindible que la verdad se sirva con su fango. Que, puestos, mejor que la prosa bórica, la prosa telefónica: el teléfono es la sintaxis del periodismo moderno. Yo estoy siempre con el progreso. Y ni siquiera me preocupa el hervido que luego de cien años dé mucho del periodismo de hoy. "El periodismo es una escultura de hielo", escribía Cándido, "dura un día". Fuera del presente todo es literatura. En fin, yo quería hablar de Cansinos: del polvo, de adónde fue a parar tanto chulo, tanto duelista, tanto energúmeno convencido en su presente, de hacer la historia y conducirla.
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