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El candidato socialista y el método de elección

El autor defiende que el próximo candidato socialista a la presidencia del Gobierno no debe ser Felipe González y propone que sea elegido por los militantes del PSOE.

El reinicio del curso político nos ha vuelto a colocar ante los mismos problemas que estaban planteados antes del verano, siendo tema central de la mayoría de las propuestas el de la fecha de las próximas elecciones generales.Para el partido socialista la cuestión tiene en este caso una trascendencia mucho mayor que en otras ocasiones, pues por primera vez desde 1977 tiene abierto un debate sobre quién ha de ser el candidato que presente para presidente del Gobierno, debate que unos quieren eludir ("Felipe González sigue siendo el mejor candidato") y otros retrasar, quizá en la confianza de volver a convencerle para que vuelva a serlo él. Pero lo cierto es que muchos de los que en los últimos tiempos le han visitado comentan que les ha manifestado -eso sí, en privado- que él ya no se va a presentar, y que no le fuercen a ello, porque si hasta ahora no ha podido ser una solución para muchos problemas del PSOE, ahora ya empieza él mismo a ser un problema.

El problema, sin embargo, no puede resolverse ni desde la nostalgia de otros momentos ni desde numantinismos de partido, ni tampoco, obviamente, desde lo que se ha llamado el "maquiavelismo. de aldea" de los que piensan que Felipe González debe presentarse para ser definitivamente derrotado y que no pueda volver a levantar cabeza. En mi opinión, hay que abordarlo desde la perspectiva de lo que ha sido la actual legislatura y con el objetivo de revitalizar al PSOE y potenciar el papel del socialismo en la sociedad española.

Conviene recordar, en efecto, que cuando nos presentamos a las elecciones en 1993 ofrecimos a la sociedad, entre otros objetivos, una apuesta por acabar con la corrupción (había estallado el caso Filesa) con el eslogan del "Cambio del cambio". Y aunque desde entonces se ha hecho un enorme esfuerzo colectivo para cambiar lo que había de negativo en los comportamientos, públicos, la inmensa mayoría ignorábamos que habíamos dejado por el camino un cúmulo de actuaciones muy negativas.

El estallido de los escándalos Roldán, Rubio y fondos reservados, qué afectaban directamente a cargos muy relevantes, minaron drásticamente la credibilidad de los socialistas. Pero han sido, sobre todo, los casos de las escuchas telefónicas y del GAL los que han mostrado que, al menos en los primeros años, desde niveles importantes de los aparatos d el Estado se ha estado vulnerando muy gravemente el Estado de derecho por el que habíamos luchado.

En este contexto, soy de los que creen que Felipe González no debe volver a ser el candidato del partido socialista, pues aunque estoy convencido de que no tiene responsabilidad penal en el tema de los GAL, y espero que en un plazo razonablemente breve el Tribunal Supremo así lo declare, sí considero que tiene una importante responsabilidad política, diferente, pues, de aquélla, que debe traducirse en no repetir como Candidato a presidente del Gobierno.

Hace falta una cara nueva, no vinculada a los conflictos más graves de este periodo, que pueda enfrentarse a la derecha con fuerza y convicción, pero, sobre todo, con menos desgaste, con más capacidad de significar para los ciudadanos el futuro y no un periodo que ahora termina. De esta manera, además, podrán volver a contemplarse estos años de Gobierno socialista como una época de cambios muy positivos para la sociedad española, en la que los aspectos más críticos (enfrentamiento con los sindicatos, lastre del Ministerio del Interior) sean contrastados con las profundas transformaciones impulsadas por el PSOE. Y asimismo se revalorizará con perspectiva histórica el mismo papel de gobernante de Felipe Gronzález.

Ahora bien, mi criterio es que más importante que el nombre o el perfil de la persona, aun cuando creo que el nuevo candidato debe estar a la izquierda de Felipe González, es el método de su elección.

Una forma es la que parece que se podría estar pergeñando, que el actual presidente designe a su sucesor, al modo mexicano, y que los dos sector es mayoritarios del partido apoyen o no sean capaces de oponerse a tal designación. Sería una suerte de cooptación o de sucesión dirigida, como ya se ha señalado por algunos, en la que el mayor aval del candidato sería, precisamente, su inicial designación por Felipe González.

La otra posibilidad, por la que en las últimas semanas se han pronunciado públicamente algunos compañeros como Antonio García Santesmases, Gregorio Peces-Barba, Fernando Morán, Joaquín Leguina, Enrique Barón, Garcés, entre otros, es abrir un amplio debate en el seno del partido y que sean llamados a votar todos los militantes socialistas, siguiendo el sistema que dio lugar a la elección de Jospin como candidato del Partido Socialista francés a la presidencia de la república, Lógicamente, cubriendo las sanciones que estatutariamente se requieran.

La diferencia entre ambos métodos no es baladí en términos políticos y de legitimación del candidato. Ciertamente, para la legalidad formal, estatutaria, bastaría con el acuerdo del comité federal, pero políticamente el significado es muy distinto.

La primera fórmula tendría el grave riesgo de ser considerada como el puro continuismo con la situación actual, y el candidato como un simple vicario de Felipe González, al no poder o no querer presentarse éste, para realizar las mismas políticas y al que se achacaría y seguiría haciendo responsable de lo más negativo de su gestión.

En cambio, la votación libre por todo el partido supondría un revulsivo muy importante, que movilizaría a todos los militantes cara a una decisión tan trascendental. De entrada podrían presentarse como "candidatos a candidato" cuantos hombres y mujeres quisieran y que contaran con ganas, capacidad y suficientes apoyos, ofreciéndonos sus proyectos de futuro, manifestando en qué se vinculan con el pasado, pero también en qué se distancian de él, y remarcando aquellas señas de identidad del socialismo que en su opinión habría que potenciar o recuperar,

Se abriría así un amplio debate, que habría de tener mucho de autocrítico y que podría ser inicio de una verdadera renovación en la organización, incrementando, sin duda alguna, la legitimación política y social del candidato elegido.

En primer lugar la legitimación interna, entre los propios militantes del partido, pero sobre todo la credibilidad entre los ciudadanos: muchos votantes y ex votantes socialistas se verían estimulados, incluso involucrados, en el debate, lo que permitiría afrontar las elecciones con perspectiva distinta y con nuevas esperanzas.

Porque, en definitiva, se trata de saber si estamos en el último acto de una etapa que se agota, o en el primero de un nuevo periodo de recuperación del socialismo y, más globalmente, de la izquierda en nuestro país.

Un candidato así elegido, con amplio apoyo de los militantes y que obtuviera un buen resultado en las elecciones, podría entender en el futuro ser también secretario general del partido. - Habrá de ser un congreso posterior el que plantee el problema de la dirección, pero ya adelanto que no comparto la tesis de algunos compañeros de ir hacia un modelo en el que Felipe González seguiría siendo por mucho tiempo secretario general, con un candidato, incluso con un presidente del Gobierno, tutelado por aquél, quizá con la esperanza de que volviera a ser él mismo otra vez el candidato.

Dicho modelo bicéfalo, de poco arraigo en la tradición del PSOE, tal como se plantea, funcionaría como un verdadero lastre para la necesaria renovación del socialismo y dificultaría la acción de los nuevos líderes.

Sabíamos que había compañeros que pretendían que, una vez Felipe González hubiera dejado el poder, Alfonso Guerra jugara el papel de Xabier Arzalluz. Ahora vemos que otros compañeros desean que ese papel lo juegue el propio Felipe González. Creo, por el contrario, con otros muchos militantes, que hay que pensar ya en un escenario en' el que uno y otro realicen una tarea en el socialismo futuro distinta a la trascendental que han venido desarrollando en el periodo que ahora termina.

Manuel de la Rocha es diputado del PSOE por Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de septiembre de 1995.

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