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Tribuna:VUELTA 95

Al rojo vivo

Aunque hacía viento, íbamos sin fuerzas camino de Calatayud. Se nota que es el final: la gente ya ha ido muy tranquila. Unos, los que vamos a disputar la contrarreloj, porque buen calentón nos espera en Alcalá; los demás, porque esto se acaba. Sin embargo, unos cuantos hemos tenido que visitar al médico, la mayoría con el mismo problema que yo: llevaba al rojo vivo ahí donde me siento y la ingle. Iba totalmente escocido. El médico me dio vaselina y me sentó de maravilla, pero antes tuve que hacer un numerito. Con el tubo de vaselina en la mano me ha tocado pasar a todo el pelotón y decirles que me dejaran adelantarme unos metros para poder aplicármela tranquilamente. Los desconfiados me decían entre risas que a ver, que les enseñara la vaselina.Al principio de la etapa, en la que hubo ataques continuos, grupos y más grupos, nos hemos despistado -no nos hemos metido en ningún corte- y nos ha tocado trabajar para echarlos abajo. Suena triste pero es así. Luego ya hemos estado más atentos y nos hemos introducido, pero el trabajo del ONCE y el CastelIblanch ha impedido escapadas. Así que sprint masivo y vaya caída. Se veía venir. En las bajadas, un par de kilómetros antes de la meta, íbamos a noventa y tantos por hora; los que llevábamos el 53 por 12 no dábamos abasto y me he fijado que muchos habían puesto el 11. A nosotros nos engañó el croquis: los repechos que había al final no eran tan duros.

Tenían que ir muy rápido los que entraron en el sprint: Wust intentó pasar por donde no cabía en el mismo momento en que Hincapié empezaba a, remontar. Y menos mal que ya íbamos enfilados, por la velocidad de la bajada, porque si hubiéramos ido apelotonados podía haber pasado algo masivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de septiembre de 1995

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