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Cartas al director

Difícil sosiego

Igual que para muchos madrileños, tanto nativos como adoptivos, uno de nuestros sitios favoritos es el parque del Retiro. Se supone que es un lugar de paz y reposo, donde uno puede huir durante un tiempo del ajetreo, los humos y los ruidos de la gran ciudad.Lamentablemente, nuestro parque se ha convertido, sobre todo los fines de semana, en un lugar donde es cada vez más difícil encontrar este reposo. Hay un constante peligro de bicicletas que van a toda velocidad en las sendas. Peor todavía es el constante ruido de la música, que puede agradar a algunos pero ofende a otros. No hablo de un joven guitarrista tocando Sor o un saxofonista interpretando blues.

No soy enemigo de la música. Pero me parece ya indignante que en toda la zona del estanque haya que escuchar, quiera uno o no, una música ampliada por micrófonos y altavoces que penetra en toda la zona central del parque. Entre el ruido de los músicos, la venta ambulante, que da un aspecto tercermundista al Retiro, y los chicos en bicis y patines, casi echo de menos los días. cuando sólo había coches y gitanas leyendo la fortuna, ¿Ya no es posible la tranquilidad y la paz en el Retiro?

Si ya todo vale en el Retiro, pobre de los madrileños cuyo parque se ha convertido en un tiovivo! La policía no parece dispuesta a levantar, un dedo. ¡A lo mejor les gustan los tambores que se oyen por casi todo el parque!- .

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