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CARTAS AL DIRECTOR

Inmigrantes humillados

Alcalá de Henares, Madrid.

Bienvenido, mayo de 1995. Mes de elecciones municipales y autonómicas en el año de la tolerancia (todos los partidos políticos incluyen esta palabra en sus programas). Los inmigrantes que intentan ganarse la vida como vendedores en la estación de metro de Plaza de Castilla no van a votar y en el Ayuntamiento lo saben. Es por ello que muchos rnadrileños, usuarios del metro, fuimos testigos de una actuación con un clarísimo tinte racista-xenófobo por parte de la policía y empleados de seguridad del Metro.Sucedió el viernes 12 de mayo hacia las 12.15. Andando por la citada estación, nos encontramos con un cordón policial que impedía el paso por un corredor, en el cual pudimos ver, al menos, una quincena de inmigrantes que soportaban la humillación de verse tratados como delincuentes por agentes de la policía. Como ya hemos sido testigos anteriormente de malos tratos hacia el colectivo de inmigrantes y preocupados por éstos, decidimos observar cómo se llevaba a cabo la operación.

No había transcurrido un mi nuto cuando tres policías de paisano nos invitaron a circular. Nosotros, en el mismo tono de amabilidad, pedimos una razón para ello. En lugar de dárnosla acudieron varios agentes más, hasta un total de 10 (nosotros éramos tan sólo tres). Ellos nos dieron al fin la razón por la cual debíamos circular. No la entendimos muy bien, pero tenía algo que ver con el tamaño de sus genitales. Cuando intentamos razonar con ellos acerca de tan contundente argumento, sólo conseguimos que los empleados de seguridad del Metro usasen la fuerza para llevarnos hasta un corredor desde el cual no podía mos observar el trato dado a los retenidos.

A pesar de ello, sí llegamos a ver otros abusos cometidos por la policía: un par de transeúntes de aspecto magrebí fueron parados, interrogados y obligados a identificarse, revelándose una vez más la actitud discriminatoria que mantenían los represen tantes del orden.

Resultado: cinco inmigrantes detenidos, siete expulsados de la estación y un deplorable espectáculo en este año internacional contra la intolerancia.-

y dos firmas más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de junio de 1995