Crisis turca
LOS ENFRENTAMIENTOS entre la policía y la comunidad alevi, que han causado desde el pasado lunes 23 muertes en Estambul, se han extendido a otras ciudades. Todo empezó con el asalto de unos pistoleros contra algunos cafés frecuentados por los alevis. Los alevis son un movimiento musulmán heterodoxo. Otorgan a las mujeres un papel relevante, no rezan en las mezquitas y mantienen una relación personal con Alá. Ello les hace objeto del odio de los grupos islamistas fanáticos. En Turquía hay unos diez millones de alevis. Han sido un factor de estabilidad para el régimen laico. Y son, por tanto, un objetivo claro para quienes quieren hundirlo.Un grave error del Gobierno o la intervención de agitadores en la policía han sido la causa de la tragedia. Se abre así otro frente contra el Estado turco, cada vez más vulnerable. La guerra contra las zonas de mayoría kurda ha causado ya miles de muertos. La pacificación parece más lejana que nunca. La situación económica es difícil y el poder está desprestigiado. Se vuelve a hablar de golpe militar. En este marco es gravísimo que el Estado turco acabe enfrentándose a un aliado natural frente al ascenso del integrismo.
La Unión Europea hace un esfuerzo serio, con la firma del acuerdo sobre Unión Aduanera, para ayudar a Turquía. La situación geopolítica en el Mediterráneo sólo intensifica el interés occidental por la estabilidad de este aliado clave en la OTAN. Pero el principal obstáculo para el avance hacia formas más intensas de cooperación, vitales para la prosperidad y la estabilidad de la Turquía laica, sigue siendo la política de Ankara en materia de derechos humanos. Urgen indicios de una voluntad de mejora en este campo desde Ankara para que la ayuda que la UE quiere otorgar a Turquía sea también posible. Y los más firmes defensores del régimen fundado por Ataturk, los mandos del Ejército, deberían darse cuenta de que el desprecio a los derechos humanos es la mejor forma de allanar el camino hacia el éxito a sus enemigos.
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