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Cartas al director

El demonio de la discordia

Con frecuencia, dos niños se encaprichan del mismo juguete. Las consecuencias suelen ser algunos gritos, empujones y lágrimas. Poco después, ni se acuerdan del juguete. Con algunos países fronterizos pasa algo parecido. La exacta delimitación del perímetro nacional en zonas de olvidada y difícil geografía desata a veces los susceptibles orgullos patrióticos. El ser adultos debería distinguirnos de los niños no por las fatales consecuencias de nuestros enfrentamientos, sino por nuestra madura decisión de luchar contra el demonio de la discordia.-

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