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GENTE

NI UN DÍA SIN DI

Mientras se rebautiza el teatro Globe como teatro John Gielgud, en honor del veterano sir de la escena británica, ennoblecido por Isabel II en 1953 y Oscar al mejor actor secundario por su trabajo en Arthur, que a sus 90 años sigue interpretando; mientras Claudia Schiffer ha decidido tener un hijo tras llegar a un acuerdo con su amigo el mago David Copperfield -"ella ha dicho que es buena idea"-, aunque no han fijado aún la fecha de la boda, en Londres sigue siendo Diana de Gales y su entorno los que acaparan la atención. La princesa tiene otra vez protección policial. El pasado lunes, después de prácticamente, un año, tras su renuncia en diciembre de 1993 a su actividad pública, Lady Di acudió con escolta y en coche oficial al gimnasio donde realiza ejercicios físicos de mantenimiento. En estos últimos meses utilizaba su automóvil particular, a veces con chófer, pero casi siempre conduciendo ella misma, y solamente iba con protección de Scotland Yard cuando la acompañaban sus hijos Guillermo y Enrique. Todo es debido a la publicidad que generan los últimos libros escritos sobre ella y sobre su todavía esposo, el príncipe Carlos. El mismo día, el Ministerio de Defensa desmintió formalmente la operación de espionaje que un antiguo soldado afirmó que se le había hecho a la esposa del heredero de la Corona cuando presuntamente mantenía relaciones con James Hewitt. Y en el entorno de Carlos también hay movimiento. Colin Byrne, responsable de una de las organizaciones caritativas del príncipe de Gales, director de comunicaciones del Foro de los Dirigentes de Empresas (BLF), ha dimitido tras la aparición de su biografía "autorizada", en la que se relatan las tres etapas de su relación adúltera con Camilla Parker-Bowles. Mientras tanto, el primogénito de la Reina sigue de viaje por Oriente. Ayer, en Hong Kong se fotografiaba con la última recluta de los famosos gurjas, las tropas coloniales mercenarias, cuya última acción llamativa fue en la guerra de las Malvinas, en la que destacaron por su ardor guerrero.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de noviembre de 1994