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COMPETICIONES EUROPEAS

El Barça destroza al Manchester

Apoteósico triunfo del equipo azulgrana sobre el campeón inglés

Resucitó el Barça el día de los difuntos. No hay lugar para los funerales en el Camp Nou la noche en que el estadio se viste de gala. Ni siquiera cuando el contrario Se enfunda el traje negro como si pretendiera convertir la cancha en un cementerio. Los diablos del Manchester United fracasaron en su intento de prender fuego al campo azulgrana con su juego pasional. El grupo de Cruyff apagó el fuego con su fútbol cerebral. Estuvo muy puesto, sereno y paciente el colectivo barcelonista. Sabía de antemano que si en Old Trafford se gana por atributos, en el Camp Novi se impone el talento.Fue un partido rodeado de un halo épico. Uno de esos encuentros en que no hay sitio para los futbolistas enfermizos. Choques en que el jugador queda al desnudo ante el juicio de la grada. Noches en que la felicidad del ganador aumenta en la proporción en que se agranda el martirio del perdedor. Encuentros de cuerpo entero. Contiendas en que los elegidos ponen la firma al guión perfecto. Y hoy hay pocos futbolistas que tengan la caligrafía de Romario y Stoichkov.

El talento de los extranjeros uso sentimiento a un equipo que despachó el partido con la perfección y frialdad de una máquina. Un gol de arrancada para marcar la línea, otro justo antes del descanso para evitar discusiones, un tercero en la reanudación para sentenciar y un cuarto de despedida. Fue así de sencillo. Nada se supo del Manchester. Nadie vio aquel fútbol que ahora el abuelo cuando cuenta sus batallitas: el juego de extremos, el rtiedio centro por excelencia y el ariete intimidador.

Fue el campeón inglés un equipo tan noble como previsible. Cruyff lo abrió en canal desde la pizarra, y el grupo comandado por Bakero le cantó un Réquiem en toda regla. Puso el técnico a dos jugadores que abrieran mucho el campo -Stoichkov por la derecha y Jordi por la izquierda- y bajó al ariete -Romario- hasta la visera de la divisoria, para atraerse a los centrales ingleses y dejar el campo listo de minas para la carrera del búlgaro y la llegada de centrocampistas como Amor.

Romario arruinó a Pallister. Lo llevó de paseo por la cancha, le mostró el cuero por delante y por detrás, y hasta le indicó por dónde se lo metería. Dictó una lección de cómo se crean los espacios en el fútbol. El brasileño aclaró el área y el Barça no falló ni un disparo. El primer remate entre los tres palos fue gol. El desmarque del ariete y el toque de Jordi dejaron la portería libre para el disparo de Stoichkov. Estrenado el marcador, se imponía administrar la renta.

Fue entonces cuando el colectivo de Cruyff mostró toda su paciencia futbolística. Disparó el equipo el rondo y comenzó a mover con ritmo el cuero de punta a punta para la correría inglesa. Quiso el Manchester presionar muy arriba, impeclir la salida del balón y hurtarlo para armar una buena contra. Fracasó. Jamás perdió la pelota el Barça en zona peligrosa 37 nunca pudieron llegar los diablos en superioridad numérica a la cancha local.

La tensión defensiva de los barcelonistas resultó insuperable para la atención ofensiva de los ingleses. El Manchester quedó acogotado por la constante ocultación del esférico que ejerció el Barcelona. No malgastaron los azulgrana ni un balón ni cedieron un palmo de terreno. Es la crueldad del fútbol control. Tanta fue la aplicación de los barcelonistas en la faena que no sólo no encajaron un gol en el horario muerto de los Partidos -como acostumbraban-, sino que fueron ellos quienes decidieron en el descuento del primer tiempo.

El segundo tanto, una obra de arte -siempre, le pudo el talento al músculo-, descarnó al Manchester. Salió furibundo en la reanudación y firmó su sentencia. Guardiola tiró la caña Fiara la carrera de Stoichkov, y entre el búlgaro y Romario despojaron a las torres inglesas. Puesto el tres a cero en el marcador, el partido fue un recital de lamentos británicos.

El músculo adiestrado nada pudo hacer contra el cerebro. Un equipo que sólo había perdido en dos de las últimas 14 salidas europeas fue vulgarizado por la perfección de un grupo que se distingue por saber administrar la pasión de la grada en los grandes acontecimientos. Siempre dio la cara el colectivo de Johan Cruyff en los momentos delicados, y ayer era uno de ellos. Todavía no tiene asegurada la clasificación. Victorias como las de ayer, sin embargo, lavan noches pasadas preñadas de prepotencia. El Manchester United jamás olvidará su paso por el Camp Nou, y ése es el mejor tributo para el Barça.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de noviembre de 1994