Los independentistas acuden a votar en Quebec convencidos de su victoria electoral

Mientras los electores depositaban ayer su voto en Quebec para elegir a los 125 diputados de la Asamblea Nacional de esta provincia canadiense, el Partido Quebequés (PQ) ponía a punto el dispositivo para celebrar su victoria. En la capital, Quebec, se ultimaban los detalles en el teatro Capitol, a la espera de que el líder pequista, Jacques Parizeau, pronunciase su discurso de la victoria, previsto para las primeras horas de la madrugada de hoy (hora peninsular española), y diese el pistoletazo de salida en la carrera por el referéndum sobre la independencia de la provincia francófona.

Los más de 4,8 millones de quebequenses mayores de 18 años inscritos en el censo electoral comenzaron a votar a partir de las 10 de la mañana, hora local, (las cuatro de la tarde, hora peninsular española), momento de la apertura de los colegios electorales que cerraron 10 horas después.El sol radiante con que arrancó la jornada parecía querer contribuir a la fiesta de las urnas. Para facilitar la asistencia a los colegios electorales, los trabajadores dispusieron de cuatro horas remuneradas para ejercer su derecho. Los canadienses suelen votar normalmente en buen número: la participación en los comicios se sitúa entre el 75% y el 80%.

En el colegio electoral de la avenida de Salaberry, en Quebec, los más madrugadores fueron los jubilados, como Henry Luzon, que se limitó a explicar que había "votado por el cambio", si bien precisó que "temía que el triunfo fuese para Jacques Parizeau".

Parizeau urge a los votantes

De la media docena de personas que esperaba su turno ninguna de ellas creía que aunque ganase el PQ las elecciones Quebec acabase siendo independiente. Los dos principales líderes políticos, el pequista Parizeau y el liberal Daniel Johnson, primer ministro saliente, votaron en Montreal. A la salida del colegio electoral, este último manifestó su esperanza en que las votaciones diesen la vuelta a la tendencia manifestada en los sondeos y permitiesen así seguir gobernando a su partido. Parizeau, cuya mesa de votación estaba instalada en la cancha del polideportivo de una escuela, hizo todo un llamamiento institucional sintiéndose seguro de la victoria: "Acudid a votar. Todos han dicho que estas eran unas eleccio"nes transcendentales, por eso pido a todos quienes tengan derecho a voto que acudan a las urnas. Que todo el mundo vote".

La concentración del Capitol fue el único acto de masas convocado para el final de la jornada electoral. El teatro está simbólicamente situado junto una de las puertas de entrada del recinto amurallado levantado por los ingleses después de derrotar a los franceses a mediados del siglo XVIII y que circunda el centro histórico de la ciudad.

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El Partido Quebequés había previsto realizar otra celebración simultánea en Montreal, pero fue anulada pocos días antes de las votaciones. Montreal, con 3,2 millones de habitantes, fue sacrificada en beneficio de Quebec, con 690.000 almas, como premio a la capital por su mayor tradición independentista. Un sacrificio que a juicio de los observadores puede suponer un error de cálculo pensando en el futuro referéndum.

Por un lado, la primera metrópoli de la provincia tiene un mayor número de votantes. Por otro, Montreal es un baluarte federalista y de la minoría anglohablante, claramente opuesta a la independencia. Y a la hora del referéndum son votos de un valor decisivo para que triunfe la opción federalista o la independentista.

Señal de alarma

Además, Parizeau advirtió durante la campaña electoral que pensaba trasladar organismos provinciales de Montreal a Quebec, haciendo sonar la señal de alarma en las cámaras de comercio de la metrópoli.

Si ahí puede hablarse de fallo pequista, justo es reconocer que el PQ supo sintonizar durante la campana con los anhelos de cambio de la población. Su lema fue cuidadosamente estudiado y sometido a sondeos antes de seleccionarlo y el resultado es que su frase "Otra forma de gobernar" caló hondo entre los votantes.

Resulta también cierto el hecho de que, si bien lo que se jugaba en estas elecciones era el nuevo referéndum sobre el futuro constitucional de la Bella Provincia, el gobernante Partido Liberal de Quebec (PLQ), del primer ministro Daniel Johnson, había sufrido un fuerte desgaste tras nueve años de poder y difícilmente podía convencer a los votantes de que el partido del cambio era precisamente el que les estaba gobernando.

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