El pecado de ser portero en Brasil

Preguntar en la concentración de Brasil por el portero es casi un pecado. La gente que rodea al grupo sólo habla de Romario. "!Sabe usted", advierte un periodista que solicita no ser nombrado, "que en Brasil el que se pone de portero es porque no sirve ni para defensa!". "¿No vio el segundo gol que le metieron en el partido contra Holanda?", pregunta un seguidor herido por citarle al guardameta. Claudio Taffarel transita por la Copa del Mundo de Estados Unidos con el mismo trato que Carlos Alberto Parreira. Disponer de una hoja de servicios impecable no les ha eximido ni de un sólo reproche.Los números de Taffarel son un aval de valor similar a los goles de Romario. Y es que mientras los brasileños se preguntan en qué minuto marcará su ariete, los equipos contrarios se rompen la cabeza estudiando la forma de batir al equipo que aspira a proclamarse tetracampeón del, mundo. No hay manera de meterle un gol ni de crearle una oportunidad. Hay un dato escalofriante al respeto: en seis partidos, el equipo ha marcado los mismos goles que paradas ha realizado Taffarel (11).
La defensa brasileña, al margen de los tres goles encajados, sólo ha permitido a sus seis contrincantes 11 disparos entre los tres palos en 540 minutos de juego, es decir, menos de dos por partido. No todos los remates, además, pueden ser considerados como opciones de gol, y la mayoría de ellos ha sido realizado desde fuera del área. Tres de ellos, por ejemplo, fueron protagonizados por los suecos -dos de Kennet Andersson y uno de Brolin- y ninguno de ellos olía a gol.
La solidez de la defensa brasileña se reafirma si la estadística de balones parados se compara con la del otro finalista. Gianluca Pagliuca, el portero titular de Italia, ha intervenido 27 veces en cuatro partidos.


























































