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Entrevista:

"Será difícil saber la verdad sobre la muerte de mi marido"

Diana Laura Riojas, viuda de Luis Donaldo Colosio, teme que nunca se sepa la verdad sobre el asesinato del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México. Hoy inicia un viaje a Europa para presentar una fundación con el nombre de su marido dedicada a promover la paz y la dignidad humana. En España será recibida por los Reyes y por el presidente Felipe González.

Tiene tan sólo 34 años y es ya una mujer que despierta curiosidad y grandes pasiones a su favor en México. No es un líder, pero gran parte de la población desearía que lo fuera. El día en que fue enterrado su marido, en Magdalena de Kino (Estado de Sonora), leyó un epitafio que estremeció al país. México descubrió entonces a una mujer culta y con grandes dotes para ser escuchada en silencio.Diana Laura Riojas es hoy, casi cuatro meses después del asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, una mujer comprometida con un ideario, que incluso ha rechazado varias ofertas políticas. Rodeada de sus dos hijos, Luis Donaldo y Mariana, quiere, en cambio, hacer cosas en México en favor de la paz, la educación y la dignidad de la persona.

Pregunta. ¿Por qué guardó tanto silencio tras el asesinato de su marido?

Respuesta. El silencio no es ausencia. Tampoco afán de lejanía y mucho menos intención de abdicar. Si durante algún tiempo guardé silencio fue por un duelo personal e íntimo. He tenido momentos de profunda reflexión y he llegado a la conclusión de que debo continuar el camino en otras circunstancias.

P. ¿Qué hace ahora Diana Laura Riojas?

R. La ausencia de Luis Donaldo me ha obligado a replantear mi vida. Esto significa proporcionarle la seguridad la tranquilidad y el amor necesarios a mis hijos para que se formen adecuadamente. He decidido asimismo crear la Fundación Luis Donaldo Colosio, que es un organismo autónomo e independiente que se ha propuesto mantener vivo el ideario político de mi marido como compromiso de vida ciudadana digna a través del fomento de los valores humanos.

P. Hablemos del asesinato. Hay una sensación generalizada de que jamás va a ser aclarado.

R. Recientemente tomé la determinación de nombrar a un prestigioso abogado penalista para que acuda a todas las diligencias relacionadas con el caso, me mantenga informada de ello y proporcione la información pertinente a la opinión pública. Ha sido la reacción personal de una mujer atada a la emoción y al dolor y que ha vivido en carne propia el peso de los acontecimientos. Ahora bien, a casi cuatro meses de distancia y ante el cariz que han tomado los recientes sucesos relacionados con el atentado, considero que será muy difícil saber la verdad en breve sobre la muerte de mi marido.

P. Aún se recuerda lo tortuosa que fue la campaña de su marido.

R. La campaña de Luis Donaldo fue breve, pero intensa. Coincidió con un proceso de beligerancia informativa. Hoy resulta paradójico que no se haya querido dar crédito a su decidida actitud hacia el cambio. Un cambio que el país demandaba.

P. ¿Qué transformaciones preveía su marido para, México?

R. Para Luis Donaldol México vivía la competencia política y en la competencia él estaba decidido a realizar su mejor esfuerzo. Reconocía que no tenía el triunfo asegurado y que tenía que luchar por ganarlo. Siempre dijo que no quería, concesiones al margen de los votos o al margen de la ley. El creía en la democracia y en su mente se había borrado toda presunción de la existencia de un partido de Estado. Sabía que México vivía otros tiempos.

P. ¿Preveía limpiar el sistema, o sea, acabar con la corrupción y las mafias que utilizan la política para el lucro personal?

R. Luis Donaldo pretendía convocar a todos los ciudadanos a unirse en una cruzada permanente que permitiera desterrar viejas prácticas con una nueva actitud ciudadana. Su lucha era contra la desigualdad y contra los privilegios de grupos o personas. Él reconoció que vivíamos en un México de mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades. Es lo que llamaba la arrogancia de las oficinas gubernamentales. Sin embargo, la corrupción es un mal mundial y no sólo privativo de mi país.

P. La gente cuando habla de usted lo hace con preocupación. Como consternada por una grave enfermedad que sufrió hace muy poco tiempo.

R. Agradezco esa preocupación. De salud, mis hijos y yo es tamos bien. Lamentablemente, mi mal no es físico. Mi mal está en mi espíritu. El dolor no cesa, se transforma. Es entonces cuando una tiene que acostumbrarse a hacer de la ausencia una presencia constante.

P. ¿Que Ie pasó a Manuel Camacho con su marido?

R. Camacho, Pedro Aspe, Emilio Gamboa, Ernesto Zedillo y Emilio Lozoya, entre, otros, contendieron junto con Luis Donaldo por la candidatura del PRI a la presidencia de la República. Todos tuvieron las mismas posibilidades y se acogieron a las mismas reglas. Pienso que en, cualquier proceso donde participan contendientes en igualdad de circunstancias es poco ético y signo de inmadurez no conformarse ante los resultados por el sólo hecho de que estos no nos favorecieron.

P. ¿Es cierto que Camacho jamás felicitó a su marido por el destape?

R. Los priístas y el pueblo de México jamás escucharon a Camacho felicitar a mí marido. Estaba en su derecho no hacerlo. Lo único que sé es que Luis Donaldo jamás lo sintió como un rival y siempre se expresó de él en buenos términos. Sin embargo, no se percibió reciprocidad.

P. ¿Que tal se lleva usted con el presidente Carlos Salinas?

R. Mi marido fue un cercano colaborador de Salinas en los últimos diez años. Durante ese tiempo desarrolló vínculos de admiración y compromiso con su persona. Yo sé que la ausencia de Luis Donaldo le ha afectado profundamente. La relación de afecto que manteníamos cuando vivía Luis Donaldo y que unió a nuestras dos familias tratamos de que se mantenga.

P. Sinceramente. ¿Tiene usted miedo? ¿Le atormenta que pueda ocurrir algo si dice la verdad de lo que piensa?

R. No. Tengo la convicción de que cualquier acción que ejercite implica riesgos. Pero no creo que haya alguien que quiera hacerme más daño del que ya me han hecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de julio de 1994

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