Rubens veranea en el Prado

Fundaciones y particulares exhiben en verano sus obras de arte en el museo

Veranear en el Prado no se lo puede permitir cualquiera. Sólo en ocasiones especiales un cuadro o una escultura disfrutan de tan selectas vacaciones. Allí acaba de aterrizar El martirio de san Andrés, un cuadro que Pedro Pablo Rubens terminó de pintar en 1638. El intruso volverá en septiembre a su habitual residencia, la Fundación Carlos de Amberes. El estío, cuando el museo recibe mayor número de visitantes, es la época escogida por fundaciones y particulares para depositar en la pinacoteca algunas de sus obras. Una restauración reciente o necesidades de conservación son las razones principales por las que las obras son admitidas temporalmente en la importante colección.Como señala una portavoz del museo, no se trata de guardar un cuadro valioso durante el verano en el Prado como quien lleva un abrigo de pieles a la cámara frigorífica de una peletería. La escasez de espacio (en la actualidad se exponen unas 2.000 obras de las 7.000 propiedad del museo) no permitiría prestar este tipo de servicio.

El martirio de san Andrés, pintado por Pedro Pablo Rubens entre 1637 y 1638, ha sido el último veraneante en llegar. Lo hizo ayer, procedente de la capilla de San Andrés de los Flamencos, en la calle de Claudio Coello, sede de la Fundación Carlos de Amberes. La fundación, que, con cuatro siglos de historia, está dedicada a impulsar actividades europeístas, construye en la actualidad una nueva escalera, y el polvo podría dañar el cuadro, por lo que se recomendó su traslado.

Tres de los apóstoles pintados por Rubens le han cedido a San Andrés, hasta el 12 de septiembre, su hueco en una pared de la sala 6 1 -B del Prado. No es la primera vez que El martirio de san Andrés visita este rincón: durante 12 años estuvo expuesto en el mismo lugar en espera de que fuera restaurada la sede de la fundación. Este cuadro viajero ha visitado también las ciudades de Brujas. (donde fue restaurado en 1977), Bruselas (en 1985, para la exposición Europalia, dedicada ese año a España) y Sevilla (en 1992, donde se exhibió en el pabellón de Bélgica).

A los donantes temporales les sale gratis la estancia en el museo, aunque sí deben hacerse cargo de los costes de traslado y los seguros, que en el caso del San Andrés ascienden a 750 millones de pesetas.

Un 'goya' más

Un goya y una talla de Pedro de Mena son otros de los veraneantes ilustres de la pinacoteca esta temporada. La última comunión de san José de Calasanz, pintado por Goya en 1819, es propiedad de las Escuelas Pías de San Antón de Madrid y ha sido limpiado por el taller de restauración del museo, por lo que se expondrá en la sala 39 hasta noviembre. La escultura de La Magdalena penitente es propiedad del propio Museo del Prado; sin embargo, su residencia habitual desde 1933 es el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Una reciente restauración efectuada por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Muebles del Ministerio. de Cultura ha permitido desvelar su policromía original, sepultada bajo sucesivos repintes.. Durante unos meses, los visitantes del Prado podrán disfrutar con su contemplación en la sala 18-A de la Escuela Española.

Otra de las invitadas habituales en los veranos del Prado es La condesa de Chinchón, un cuadro de Francisco de Goya que representa a la mujer de Godoy, ministro de Carlos IV. Los descendientes de la condes, la famila Ruscoli, aprovechan los veranos para mostrar el cuadro al público, en cumplimiento de una de las cláusulas de un convenio firmado por esta familia con el Estado. Este año, sin embargo, la condesa todavía no ha acudido a la cita del paseo del Prado.

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