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MUNDIAL 94

Triunfa el fútbol utilitario

España se clasifica para los cuartos de final al vencer a Suiza al contragolpe

La pobreza ganó a la miseria en la capital del imperio americano. Perdió el fútbol, aunque resulte paradójico después de un resultado espectacular. Pero ahora funciona la teoría utilitaria. La selección española encuentra todas las vías para ganar sus partidos. Lo hace con estilo feo, especulativo, de vuelo corto, con los viejos tics italianos y el viento de los resultados en la popa. Con esas armas y una mayor intuición para jugar, España derrotó a Suiza, un equipo mecánico y triste, sin ningún equipaje futbolístico.

El cuarto proyecto de Clemente tuvo el perfil más querido por el seleccionador: poco aprecio por el manejo de la pelota, un fuerte blindaje defensivo y la pelota larga. Era Clemente en estado puro, un equipo reconocible por sus cualidades físicas y su disciplina, sin ninguna concesión a la belleza. En este capítulo, el técnico no engaña a nadie. Sólo le interesa el resultado, por cualquier camino. Seguro que ayer vivió un gran día, uno muy parecido al de aquella famosa tarde en Dublín. Ahora ya tenemos dos referencias para el futuro: Irlanda y Suiza.

Fue una victoria sencilla. Suiza tuvo sus ocasiones, pero su juego fue de tercera clase. Y cuando se encontró con la oportunidad de marcar se encontró con la mano derecha de Zubizarreta. El portero español, que ha vivido bajo una extraordinaria presión en los últimos partidos, estuvo impecable en dos remates que parecían inapelables. Clemente, que no olvida ni perdona, tiró con perdigón gordo en la conferencia de prensa. "Espero que algunos periodistas españoles hagan una encuesta sobre Zubizarreta", declaró con un tono muy serio. El fútbol procura estas pequeñas venganzas, y Clemente comienza a tomarse todas las revanchas que puede.

El partido fue infame en la primera parte. La pelota corrió sin dueño, entre el desdén español y la incapacidad suiza. El discurso fue extraordinariamente lineal. Los dos centrales suizos tiraban la pelota alta y Nadal cabeceaba hasta el desmayo. Probablemente fue atendido en la enfermería por una erupción de chichones. La respuesta española era igual de simple. El pelotazo iba y venía, sin sentido, desprotegida. Pobre balón.

El gol de Hierro acabó de definir el encuentro. El centrocampista español hizo a la vez una jugada de manual y un ejercicio de potencia, muy propio del jugador madridista. Hierro atacó la defensa lineal de los suizos con un balón corrido entre los dos centrales y entró por allá como un ciclón, con ese tranco campanudo que le caracteriza. Esa jugada le sirvió para salvar a la vez a los cuatro defensores suizos. Al portero le batió en el mano a mano, sin complicarse la vida. En lugar de recortar, lanzó con precisión junto al palo.

España estaba donde acostumbra. Se ha colocado con ventaja en cada uno de los cuatro partidos, una circunstancia que suele ser definitiva en la Copa del Mundo. Frente a Suiza, administró el gol con más facilidad que en partidos anteriores. El blindaje defensivo funcionó durante todo el partido. Alkorta sometió desde el principio a Chapuisat y Abelardo apagó a Knup. La única posibilidad de sorpresa descansaba en el banco: Sutter, un jugador habilidoso y rápido, causó baja a última hora.

La segunda parte fue más aparente. Suiza añadió su desesperación a la flojera de varios de sus jugadores. Herr y Geiger, los dos centrales, figuran sin duda entre los peores defensas del Mundial. El resto no andaba muy lejos. Sforza, un jugador interesante, pasó inadvertido en un encuentro que se escurrió con rapidez hacia el lado español.

La selección sacó provecho de todas las circunstancias favorables: la ventaja, la pobreza de recursos de sus rivales, el poderoso cinturón defensivo, la aparición de Zubizarreta en los momentos cruciales, el oficio de Bakero y el tremendo despliegue de Ferrer, Sergi y Luis Enrique. Sus irrupciones siempre provocaron fracturas en la línea defensiva. Sergi salió como uno de los triunfadores de la tarde. Apareció con velocidad e intención. Procuró el segundo gol con una jugada espléndida y puso en evidencia a Hottiger. Luis Enrique sobrepasó las prestaciones de Salinas como delantero centro. Su destino como titular en la delantera parece seguro.

El encuentro se desató bastante en la última media hora. España marcó, sacó cuatro o cinco oportunidades y se sintió cómoda ante la defensa en línea de los suizos. Cuando entró Beguristain, el índice de ocasiones se elevó notablemente. El equipo se sintió más liberado, con el partido en sus manos. Lo fundamental había sucedido antes, cuando el fútbol era un pedregal. España encontró entonces su, oportunidad y la aprovechó. Allí estaba el fútbol blindado y utilitarista con todo su esplendor. El fútbol que quiere Clemente. Ahora puede pasar facturas. Pero lo esencial no cambia: España está armada para ganar, pero su juego es pobre. Es mejor decirlo ahora, cuando el viento viene de cola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de julio de 1994