Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Meleros

Todos los expertos coinciden. Y alguna vez tendrán razón los expertos, cuando coinciden: el origen de la corrupción está en el sistema de financiación de los partidos políticos (la condición humana se da por hecho que huele mal en cuanto hay una oportunidad).A nuestros políticos, y a nosotros mismos, se les escapó esta cuestión cuando hicieron el diseño de nuestro actual Estado democrático. O sea, que el problema es de sencilla localización y de casi imposible resolución. No hay quien encuentre un sistema de financiación transparente y que no pringue los dedos al que lo maneje (qué no daría un melero por un sistema de limpieza de gafas compatible con su actividad).

Y nos encontramos con que el sistema se asienta sobre unas instituciones, los partidos políticos, que se comen los dineros para mantener sus estructuras y para hacer campañas, a los que se niega el recurso a la financiación de los bancos y las empresas, y se les condena, por tanto, a estar siempre en números rojos (si es difícil encontrar militantes, encontrar militantes de pago es tarea hercúlea).

Entonces, lo primero es investigar Filesa, Naseiro, casinos y tragaperras vascas. Metemos en la cárcel a todos los encargados de finanzas de los partidos (manirrotos y descarados) y volvemos a empezar. Dentro de diez años, nueva operación de limpieza. La cárcel llena de vendedores de miel que ensucian las gafas.

Cabe la amnistía, ¿pero dónde acaba la amnistía? ¿Y de qué sirve si no se cambia el sistema?

No habrá acuerdo al respecto. Y veremos a Galeote, Navarro, Naseiro y otros meleros en la cárcel. Y veremos a Aida Álvarez, a Juan Guerra y a Palop maqueando en descapotables porque su esencia como pilladores no era la de militantes. No es fácil esto. Ni siquiera es fácil decirlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de mayo de 1994