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Opus Dei

Jorge M. Reverte

El Opus Dei sigue dentro de la ley. La asociación divina fundada por Escrivá de Balaguer, continuada por Álvarez del Portillo, tiene un nuevo general, monseñor Echevarría. El papa Juan Pablo II, gran protector de la Obra, lo acaba de nombrar desde Roma. Echevarría va a continuar con el callado trabajo de sus insignes antecesores y de otros no menos insignes contemporáneos, como el carde nal Suquía, azote de herejes y cons tructor de espantosas catedrales.El Opus Dei de la mano de Echevarría, va a continuar, de manera previsible, con la estrategia callada de los últimos años. Los tiempos de exhibiciones públicas de López Rodó y López Bravo no le fueron bien a la asociación. Es más eficaz mantener Pocos gritones, muchos callados emboscados de laicos y seguir con la política suave de quienes no exhiben sus grandezas. La Obra, que opta en política, que opta en economía, que opta, sobre todo, en la enseñanza, prefiere pasar inadvertida, mantener un sigilo de fondo reservado sin el afán acaparador de Salanueva o Roldán. Porque ellos ya no son nuevos ricos, son un conjunto de personas que disfruta con la satisfacción interna y parece detestar el bullicio mundanal.

La Obra controla tajadas enteras de nuestro territorio, como Baleares y Navarra, sectores de la economía, sectores intelectuales. Pero la Obra se presenta como un conjunto de personas que actúa de manera individualizada.

La Obra vuelve a la carga con renovados bríos, pero con una transición redonda. Se acabaron los tiempos en que la fe en monseñor se paseaba por las calles a golpe de pífano y desprecio evidente por el resto de los humanos. Quienes están en la Obra hablan en susurros. No desprecian públicamente a las mujeres: simplemente no las convocan a los concursos de matemáticas.

Son más peligrosos que nunca. Y siguen dentro de la ley.

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