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El cine se atasca en las calles de Madrid

Las tarifas han bajado un 60%, pero rodar en la ciudad es un infierno burocrático

La tarifa para rodar cine en Madrid, por 10 días y metro lineal, ha bajado de 2.321 a 800 pesetas. Sin embargo, la medida no soluciona el infierno: papeleos interminables, precios millonarios y vecinos poco solidarios han convertido a Madrid en una telaraña inevitable para los cineastas. Sólo los cementerios son gratuitos: meter una cámara de cine en el metro cuesta casi un millón de pesetas. "Los precios son iguales para todo el mundo, tenga fines inmobiliarios o culturales", afirma Pedro Martín García, director de servicios del Área de Hacienda del Ayuntamiento.

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Martín García asegura desde su despacho que rodar en las calles de París o Nueva York es "muchísimo más caro" que en Madrid. Algo que todos los técnicos cinematográficos españoles consultados niegan rotundamente. "Rodar en Nueva York es gratis", afirma Angélica Huete, jefa de producción de la película Sublet, que se rodó íntegramente en Manhattan. "Allí sólo tienes que pagar un seguro que cubra cualquier accidente que pueda provocar el rodaje. Pero lo más importante es que en Nueva York puedes pedir un permiso para rodar hasta con apenas 12 horas de antelación. Aquí necesitas un mes", declara. "El Ayuntamiento de Nueva York tiene una oficina dedicada al cine, que resuelve absolutamnete todo. En Madrid tienes que ir de distrito en distrito pidiendo los permisos" añade.Para que un equipo de cine pueda trabajar cómodamente en una calle necesita un mínimo de 30 metros de calzada para aparcar los camiones. La Junta municipal les otorga el permiso, pero los propios productores tienen que llevar las placas de "Prohibido aparcar" 48 horas antes para asegurar el espacio. "Lo peor de todo es cuando cambia el clima o un actor se enferma; tenemos que esperar otra semana para conseguir los permisos porque caducan", explica Alejandro Vázquez, jefe de producción de Todo es mentira, el filme del nuevo realizador Álvaro Fernández Armero que se rueda esta semana en el barrio de Lavapiés con Coque Malla y Penélope Cruz a la cabeza del reparto. "Me encanta rodar en la calle, y de noche me siento más cómoda que en un plató", aseguraba esta semana la joven actriz.

Daños de imagen

Los escollos son múltiples e inesperados. El director de imagen del grupo Argentaria se queja a los productores cuando un cartel de su empresa aparece en una película. "Dice que puede dañar la imagen del grupo", comenta Vázquez.

Los madrileños tampoco colaboran para hacer las cosas más sencillas. Se niegan a guardar silencio alegando que la calle es un sitio público, no se cambian de acera y no quieren quitar el coche de en medio. "Es verdad que ocasionamos molestias, pero estamos trabajando y en cambio mucha gente cree que nos estamos divirtiendo", señala Javier Quintas ' ayudante de dirección en Todo es mentira. "Rodar en Madrid es complicadísimo", afirma Esther García, productora de Pedro Almodévar y de series para televisión. "El Ayuntamiento no toma en cuenta el escaparate que puede ser para Madrid una película", afirma.

La tarea de titanes es rodar en la Gran Vía. "Hace tiempo que nos hemos olvidado de ella", se resigna Julián Núñez, ayudante de dirección, que en una ocasión tuvo que filmar una escena que supuestamente sucedía en la capital en una callejuela de Toledo "para huir del infierno" burocrático.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de abril de 1994