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Tribuna:

La prisa

Llevo una temporada intentando perder la prisa, pero es muy difícil. La industria farmacéutica está montada sobre la prisa. Si desapareciera la prisa, el negocio se venía abajo. La gente toma pastillas para desacelerarse un poco. Cuando lees las biografías de Truman Capote o Marilyn Monroe te das cuenta de que la gente se angustia porque tiene prisa. Tener prisa consiste en estar con el cuerpo en un sitio y con la conciencia en otro. Truman y Marilyn tenían desde pequeños la memoria del éxito, pero cuando les llegó no lo reconocieron porque tenían la cabeza en la Infancia. Tomaban pastillas para salir de allí.Lo contrario de la prisa es la muerte; lo difícil es encontrar el punto medio entre una cosa y otra. Capote y la Monroe se desaceleraron tanto que se quedaron muertos. Los muertos se parecen al mar en que se descomponen lentamente, sin agobios. Saben que todo se ha de cumplir y dejan que se cumpla con la naturalidad de las mareas.

Lleva razón Manuel Vicent cuando dice que la filosofía oriental está concentrada en una pastilla de Valium. El nirvana consiste en perder la prisa, o sea, en no estar con la conciencia en un lugar y la cabeza en otro. Así no hay quien viva, por eso mucha gente toma pastillas de esas que te dejan tirado, para alcanzar el nirvana y descomponerte con la pasividad del mar. Bien mirado, esto de tomar pastillas es también un agobio, porque llegas a las farmacias antes de que las abran y a veces se te olvida la receta. Yo he perdido la prisa estos días contemplando el mar; el mar tarda más rato que un Valium en quitarte la prisa, pero sus efectos son más duraderos y no produce efectos secundarios. Ahora, en el lugar de la conciencia tengo un océano de sensaciones que suben y bajan con los movimientos de la luna. Por fin he perdido el miedo a llegar tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de abril de 1994