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CARTAS AL DIRECTOR

Los derechos de los ciclistas

Miranda de Ebro, Burgos.

Acabo de leer la noticia donde se menciona el informe de Tráfico sobre los accidentes de ciclistas en el año pasado. En el mismo se menciona la opinión del presidente de la Asociación de Cicloturismo Internacional en el sentido de que es más seguro ir en paralelo que en fila, sobre todo en carreteras secundarias. Esa opinión no sólo la comparto, sino que llevo años defendiéndola. La creo rigurosamente cierta.Imagínense un grupo de 30 ciclistas en fila por una carretera secundaria; un coche no podrá adelantar si respeta las distancias de seguridad, casi nunca, por la considerable longitud; sin embargo, la mayoría de los vehículos suelen adelantar, porque no arriesgan nada. Si viene alguien de frente, el que va a la cuneta o es arrollado es el ciclista. El argumento es igual de válido en el caso de uno solo; siempre sale mal parado si el que adelanta no calcula bien.

¿Es que es tan difícil que nos vean como, por ejemplo, a un tractor agrícola? Normalmente vamos más rápidos que él. ¿Por qué no se nos reconoce el mismo espacio que a los demás vehículos?

La diferencia siempre está en que los ciclistas no pueden atropellar a los otros vehículos, no son peligrosos. La gente se queja de que obstaculizamos; claro, ¡en casa no!; pero ¿no tenemos el mismo derecho que todos? ¿No estorba todo vehículo a los demás?

Las normas de tráfico nos tratan como estorbo y por eso nos obligan a circular en línea. Si entorpece todo vehículo, de acuerdo que más los excesivamente lentos, ¿por qué no se nos protege permitiendo la circulación en grupo, sin invadir el carril contrario, como los demás circulantes?

Todo conductor se lo piensa más cuando ve a un grupo, y se necesita menos espacio y tiempo -lo que significa menos riesgo- en adelantar a un grupo que a una fila.

Creo que los organismos implicados, federaciones incluidas, tienen que tomar conciencia de la necesidad del cambio de la normativa. Si se consideran justos, deben proteger al débil. No quiero decir a mis compañeros de ruta que cumplir la ley nos puede costar caro a. nosotros y a nuestras familias. Mi sincero deseo es manifestar que cumplirla es lo que todos debemos hacer, pero no a costa de un incremento del riesgo tan manifiesto.

Tampoco estaría de más una campaña informativa para que los conductores tomen conciencia, respeten y comprendan. Si así fuera, la desgraciada muerte de Antonio Martín habría permitido evitar muchas otras, si se produce el cambio.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de marzo de 1994