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Sentimientos y resentimientos

Con frecuencia oímos señalar: "¡Es un miserable resentido!", sin percatarnos de la crueldad injusta del insulto, porque muchos de ellos sufren en silencio y esconden un doloroso secreto en su conciencia atormentada. Como sabemos, el sentir lo originan los estímulos del mundo captados por nuestros sentidos materiales, del que nace el sentido de las cosas, y al adentrarse en el cuerpo es lo que sentimos y nos hace habitable la Tierra. Es cierto que mucho pasa y nada queda, pero por aquello que guardamos intacto en la intimidad y lo volvemos a sentir somos resentidos. Cuando veo, oigo, toco, es, a la vez sentido por mí, desdoblamiento que no es perjudicial ni dramático, ya que somos capaces de olvidar hasta el sentido de un sentimiento. El resentido tiene una constante memoria y puede volver sobre los motivos que le han afectado. Son los sentimentales más puros, pues padecen y callan consintiendo. Los demás, entregados al tiempo que nos sobrepasa, poco de nuestros sentires permanecen en el devenir.Kierkegaard descubre en La repetición una categoría existencial que, implícitamente, justifica los resentidos, quienes verdaderamente llegan a ser, tienen una existencia plena porque vuelven siempre al pasado, son la encarnación presente de lo que ha sido. Por el re-sentimiento podemos recuperar el tiempo desaparecido, y aunque hemos cambiado se conserva en la interioridad. "Es la memoria del olvido", decía el gran poeta Emilio Prados, que singulariza lo sentido, y también la paradoja de vivir en el mundo como si no estuviéramos en él. "A lo largo de la vida, nos ocupamos siempre de la misma cosa, no hay progreso, sino marcha atrás" (Kierkegaard). Y agrega: "Los artistas avanzan porque vuelven hacia atrás, contra lo que no tengo nada que decir, porque se trata, como en los mejores, de un retorno que reproduce". Para el filósofo danés, volver sobre lo sentido afirma el ser, ya que vivimos la realidad sólo como posible e incierta, y al resentir se consolida nuestra presencia subjetiva.

Los resentidos fueron descubiertos y denunciados por Nietzsche en su obra Genealogía de la moral. Comienza interrogándose sobre el origen de la mala conciencia de los hombres, que atribuye al resentimiento de los que quieren santificar la venganza bajo el nombre de justicia social cuando, en realidad, transforman su rencor causado por una ofensa en sed vindicativa, en sublevaciones amargas del alma. Contra estos supuestos agentes de la subversión, sostiene que el espíritu del resentimiento se disfraza de equidad, bondad universal para satisfacer el odio oculto, la envidia secreta, el despecho escondido. Es, pues, para vengarse de las desdichas sufridas que no olvidan y encienden el fuego íntimo de los resentidos. Por esta emoción reactiva son capaces de llevar a cabo los mayores crímenes. En oposición a ellos, ensalza los sentimientos eficaces, diligentes, agresivos de los poderosos triunfadores. Así se crea una guerra civil entre el furor insensato de los fracasados y la actividad tranquila de los vitalistas enérgicos, emprendedores. Los resentidos, según Nietzsche, son enemigos de la vida, mientras los hombres audaces son más fuertes y nobles que esos falsos humildes llenos de odio vengativo. En consecuencia, los cristianos, las mujeres muy femeninas y tiernas, los desgraciados, los vencidos, los débiles envenenan la vida, hacen perder confianza en ella, en el hombre y en cuanto existe.

Comprendemos que los resentidos, criaturas que sufren el dolor de existir, protesten contra los dichosos que gozan una vida esplendorosa, y también que sea una vergüenza poder ser felices en presencia de tanta miseria y desigualdad. Se justifica, pues, la sublevación de los esclavos de Esparta que, siglos más tarde, casi estuvieron por conquistar Berlín. Sin embargo, aconseja el filósofo alemán, que nadie se arrepienta de su riqueza, de su felicidad, ni duden nunca de su derecho al poder y disfrute de todos sus bienes, pues son el fruto de su espíritu combativo y emprendedor. Previene que los resentidos son también apasionados, no meros dolientes pasivos: "La verdadera causa psicológica del resentimiento es aturdirse contra el dolor mediante la pasión". Entonces pueden convertirse en peligrosos anarquistas, revolucionarios potenciales contra los bondadosos ganadores, creándose una lucha de clases psicológica entre los humildes y los ricos orgullosos desde el origen hasta el fin de la existencia.

A los resentidos no les queda más que la esperanza del reino de Dios en la tierra, el triunfo de la justicia final, ideal lejanísimo, remoto. No por ello hay que renunciar al sufrimiento, que es la pasión de los resentidos. En este aspecto, el teólogo alemán Moltmann desarrolla una teología de la Cruz, etapa necesaria de la esperanza a través del recuerdo permanente de aquel doloroso episodio histórico. Simbólicamente, vivimos crucificados a la espera de la justicia universal futura. Son, pues, verdaderos resentidos los que no olvidan nunca las ofensas recibidas o las dádivas con que han sido obsequiados. Flaubert, en La educación sentimental, refleja la esencia íntima de un resentido: su personaje percibe en las sombras del día una mujer adorable que no podrá olvidar nunca, y la rememora dentro de sí como una llama perennemente encendida.

El libidinoso también es un perfecto resentido. Recordemos lo que dice Freud sobre el ideal del Yo, que si bien nace del narcisismo originario, esta adoración del propio cuerpo se trasciende en el curso de la vida. en búsqueda del objeto idealizado de la libido. Igualmente, un fragmento de la vida psíquica del adolescente, por la repetición de experiencias sexuales satisfactorias, crea un lazo sólido entre la excitación y la imagen del recuerdo. Los actos eróticos no se olvidan cuando dejan henchido de gozo. Las primeras actividades carnales tienden a repetirse, porque se recuerdan las satisfacciones vividas. El inconsciente es tesoro oculto de vivencias, y el sentimiento las hace conscientes al revivirlas. Así nace el objeto del deseo. "Es a ese Yo ideal que se dirige actualmente el amor de sí que gozaba en la infancia. Aparece, pues, que el narcisismo se desplaza hacia un nuevo Yo ideal" (Freud). Esta salida de sí mismo para iniciar la búsqueda de la criatura prefigurada es el fruto de re-sentir los primeros placeres, vuelo que prosigue incansable hasta encontrar el objeto deseado por su fuerte memoria de resentido. Una y otra vez vuelve a experimentar lo ya sentido, y no puede ir más allá, como los místicos, hacia una trascendencia imaginaria. La libido exige siempre la presencia del cuerpo cuya imagen pervive en el sujeto a través del tiempo. Existen diferentes y hasta opuestos tipos de resentidos. El personaje de El príncipe idiota (Dostoievski) se deja humillar, ofender como un cristiano primitivo, ama el dolorido sentir de una prostituta, y se niega a disfrutar los sentimientos nobles, orgullosos de su clase aristocrática de los que se resiente. Otro ejemplo nos parece Swann, el exquisito personaje de Proust, convencido de que ha olvidado su gran amor, pero cuando oye la Sonata de Vinteuil vuelve a evocar la mujer amada, y su sentimiento revive con la energía vital originaria.

¿Qué debemos aprender de los resentidos? Los sentimientos se desvanecen como el tiempo fugitivo, pero al re-sentirlos nos ofrecen la soñada eternidad de todo lo vivido. Una lección de memoria voluntaria, la querencia de no perder el sentido de los sentimientos. Nuestra tarea vital es aunar lo que fuimos dejando en el transcurso de la vida, rica de acontecimientos dispersos. Tenemos que hacer el esfuerzo de concentración en la intimidad para re-sentimos, o sea, descubrir la finalidad de nuestra existencia, lo que queremos llegar a ser: Sintámonos siempre, pues "lo peor que le puede ocurrir al hombre es no sentir" (infante don Juan Manuel), re-sentir sin resentimiento ni amargura para consolidar nuestro ser y proyectamos hacia un esperanzado futuro.

Carlos Gurméndez es ensayista y autor de Teoría de los sentimientos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 16 de marzo de 1994.

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