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Presunta víctima de su pasado terrorista

Imanol Murua, condenado a 26 años por cinco asesinatos de ETA, reclama su inocencia

Considera lo suyo una tragicomedia. admitida a trámite y de dificil veredicto final. No ve una película desde hace más de cuatro años, pero se siente identificado con los protagonistas del último filme de Jim Sheridan, En el nombre del padre, los cuatro irlandeses condenados por un atentado del IRA que nunca cometieron. Con una condena de 26 años, ocho meses y un día por cinco asesinatos, Imanol Murua repite desde la cárcel de Nanclares, donde lleva más de cuatro años: "No entiendo cómo no se dan cuenta de este error espantoso. Soy víctima del terrorismo"."No sé cómo será. Lo raro es que en un Estado democrático hagan esto", afirma pausadamente, sin rencor y sin perder la sonrisa Imanol Murua, que celebró el pasado 20 de febrero su 53º cumpleaños en la cárcel de Nanclares de la Oca (Álava).

La semana pasada le llegó un regalo esperado: la absolución por la tercera causa abierta contra él por su supuesta participación en atentados de ETA. Ya es la segunda. "Ya me esperaba que empezarían a darse cuenta, porque lo que han hecho no tiene nombre", remarca Murua.

Sosegado, este hombre natural de Hernani (Guipúzcoa) señala: "Garzón sabe que yo no tengo nada que ver. La policía francesa también lo sabe. Tienen un montón de pruebas. Lo extraño es lo de ese juez que me condenó. Yo no sé qué haría, un ajuste de cuentas, porque como yo estuve refugiado en Francia desde 1971, no sé. Pero desde 1974 no tengo nada que ver".

Colaboración con ETA

Empezó a colaborar con ETA hace 25 años, "ayudando a los comandos", pero sin empuñar la pistola. Lo dejó en 1974. "Las condiciones han cambiado. Entonces se usaban las armas un poquito en defensa, y ahora..."

Cuando se le pregunta por la Justicia con mayúsculas, dice: "No sé cómo será. Lo raro es que en un Estado democrático de derecho hagan eso, que no investiguen más". ¿Cómo lleva un inocente las cuatro paredes? Se ríe, toma unos segundos y dice: "Un inocente... Yo ya lo tengo tragao esto... "

Su vida se precipitó a raíz de la operación de la policía francesa en febrero de 1990 contra los Comandos Autónomos. "Montaron una operación que ni Artapalo", relata Murua. Cuando vieron la bomba para hacer pienso, ¡bueno! ¡La que me armaron!", exclama entre risas.

En cinco días estaba fuera. Al tener constancia de su arresto, el fiscal Eduardo Fungairiño pidió su extradición por su participación en varios atentados. "Yo leí la noticia en el periódico. Pero ¿qué pasa?, si no tengo nada que ver. Así que seguí tranquilamente allí y otra vez a trabajar. Primero la letrada Fandó, luego Michel Petit y más tarde el tándem Xabier Arrizabalaga y Gabriel Arzak. Yo no quería venir, pero me dijeron: 'Imanol, en tres meses en la calle y todo -aclarado". Fue lo contrario. El discurso de la fatalidad no se ha acomodado en su celda. "No sirven los arrepentimientos, pero estos anos no me los devuelve ya nadie", dice mientras mata el tiempo con la lectura de Unamuno.

¿Qué le pediría a Juan Alberto Belloch? "Que me dejara libre, porque no he hecho nada. Él tiene que saber que no tengo nada. Me ha dicho el abogado que me quieren dar indulto. Yo indulto no quiero. ¡Si no he hecho nada! Lo que tienen que hacer es indemnizar, un poco de dinero o un caserío. Tenía dos millones y medio en el banco de San Juan de Luz y ya los he gastado y todavía debo dinero a los abogados".

Juan Carlos Etxeandía, condenado por pertenencia a ETA, ha sido la cruz de Murua desde que le identificó como uno de los etarras que participó en unos atentados realizados por la banda en Vizcaya. Le confundió con Maiza Artola. Al nombrarle por el alias le denominó Nicolás, pero la policía se empeñó en decir que se trataba de casero, como le conocían a Murua.

Más tarde, Etxeandía se dio cuenta del error e intentó exculpar en una declaración a Murua. "Pobrecito, el otro día se me quedó llorando en el coche y me, decía: '¿No vas a tenerme a mi odio'. 'Con odio no se hace nada. Esto hay que arreglarlo y salir', le contesté". "Etxeandía se portó muy bien, pero ya no le creen", dice entre risas. Ni la Audiencia Nacional, primero, ni el Tribunal Supremo, después, variaron el veredicto: 26 años, ocho meses y un día por cinco asesinatos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de marzo de 1994