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Entrevista:

"La que va por la pasarela no soy yo"

En medio de la vorágine de la recién terminada Pasarela de Cibeles se recordará a una joven de 16 años con las soñadas medidas (90-60-90) y 177 centímetros de altura, de andar reposado y de mirada dulce. "Es la catalana que el año pasado ganó el concurso de top model internacional", se murmuraba. Verónica Blume es la última española que ha entrado en el club de las supermodelos. Lacónica y correcta, mide el número de palabras de cada una de sus frases. Llegó a Madrid desde Nueva York, "ciudad obligada para alguien que desea abrirse paso como top model", donde actualmente vive en un apartamento que le ha proporcionado la conocida agencia de modelos Ford. Allí ha vuelto, pero sin olvidar sus estudios; este año acabará tercero de BUP por la UNED. "La profesión de modelo" confiesa, "no me atraía; fue mi cuñado quien insistió. Me quedaré un año; si me va bien, continuaré, si no, cambiaré de profesión".Pregunta. ¿Cómo ha sido Cibeles?

Respuesta. Agotador, pero fascinante; desde las nueve de la mañana a las nueve de la noche desfilando. Y al acabar cada día íbamos directas al hotel. No he tenido tiempo de ver Madrid. Pero Cibeles es una experiencia fantástica, es el mejor rodaje para una modelo española que comienza. Y además está mejor organizado que el Salón Gaudí.

P. ¿Qué conoce de Madrid?

R. Madrid sólo lo he conocido por el trabajo, pero es una ciudad con mucho encanto. Sólo he estado dos veces, y la famosa noche de Madrid no la he llegado a vivir.

P. ¿Qué se necesita para ser buena modelo?

R. La seguridad en sí misma. Saber lo que se desea y saber lo que no se haría. Y hacerlo sin precipitarse. Hay que pensar bien cada paso que se da.

P. A los 16 años, ¿no es dificil estar segura de sí misma?

R. En esta profesión, la seguridad se adquiere a marchas forzadas. Nunca he ido a una escuela de modelos, ahí no se aprende. Mis padres también me ayudan mucho.

P. ¿Qué tiene la modelo de actriz?

R. La modelo tiene que interpretar la ropa que lleva. Soy una u otra en función de lo que tenga que pasar. Antes de salir a la pasarela me miro al espejo para estar bien y voy corriendo. No hay tiempo para pensar.

P. ¿La pasarela le resulta todavía algo forzado?

R. Cuando salgo no lo pienso. Pero la que va por la pasarela no soy yo.

P. ¿Hay miradas que ofenden?

R. Por la calle hay alguno que otro que mira. Ya me he acostumbrado.

P. Fuera de la moda, ¿se preocupa por su imagen?

R. Mi mayor placer es levantarme por la mañana sin hora, sin importarme en absoluto el aspecto que tenga, y compartir mi tiempo con mis amigos y familia.

P. ¿El mundo de la moda es tan frívolo como parece?

R. Creo que la frivolidad de la moda es un estereotipo. La moda es consumo, pero no agresivo. Lo efímero está en todos los campos de la vida.

P. ¿Qué es lo que más le apasiona de este mundo?

R. Antes de entrar pensé que era un mundo de rivalidades, frío, donde te ponían cristales rotos en los zapatos. Pero, una vez dentro, es un mundo que te enriquece incluso como persona. Es una carrera dura, pero no me asusta; cuando se acabe realizaré algo divertido. Voy a estudiar arte dramático, y me gusta el periodismo.

P. De pronto se ve a Verónica Blume por todas partes. ¿No teme la velocidad de su carrera?

R. Lo que más me asusta es no saber digerir el éxito. Todo va muy rápido. Pero hay que saber frenar.

P. ¿A qué diría no?

R. A muchas cosas. No desfilaría en top less, no pasaría lencería... Soy prudente.

P. ¿Le gustaría ser la nueva Claudia Schiffer?

R. Rotundamente, no.

P. ¿Se tomaría un cocido?

R. Nunca lo he tomado. No tomo carne, como muy sano, sin excesos. Mi comida favorita es la italiana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de febrero de 1994

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