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Las depresiones infantiles leves son el anuncio de otras más graves durante la madurez

Contrariamente a la opinión corriente, periodos -aun suaves- de depresión durante la infancia son muchas veces anticipo de depresiones repetidas y más graves durante la vida adulta de una persona, según un estudio estadounidense. Este resultado desafía la suposición de que una depresión en un niño sería un suceso aislado y no tendría consecuencias; también sugiere la necesidad de tratar a los niños deprimidos. "Un niño que ha sufrido depresiones entre los ocho y los 13 años corre un riesgo del 75% de repetir la enfermedad", dijo Maria Kovacs, psicóloga en la Western Psychiatric Institute and Clinic, en Pittsburgh (EE UU).Durante muchos años, la depresión infantil no era reconocida. Se calificaba como una forma más grave y más permanente del miedo habitual de la adolescencia. No existió un diagnóstico psiquiátrico oficial de esta dolencia hasta 1980.

Estudios epidemiológicos han puesto de relieve que entre un 8% y un 9% de los niños entre 10 y 13 años sufren depresiones. Mientras que la incidencia es bastante constante para los chicos, en el caso de las chicas casi se dobla, según otro informe que sugiere que el 16% dé chicas entre 14 y 16 años sufrió una depresión.

Kovacs ha estudiado a 134 niños a los que se había diagnosticado una depresión a partir de los ocho años, controlándolos cada pocos años hasta que algunos cumplieron los 24. Al mismo tiempo, examinó a un grupo parecido de 56 niños que no sufrían depresiones. "Encontramos que los niños que pasan por una época de depresión leve tienen una gran posibilidad de sufrir una depresión más seria en los años siguientes", manifestó. Los resultados de esta investigación serán publicados este año por Kovacs y su equipo en la revista especializada The Archives of General Psychiatry. "Las depresiones se interponen en el desarrollo emocional de un niño," dijo Kovacs. "Los niños aprenden habilidades sociales durante sus relaciones tempranas. Estos pequeños deprimidos suelen sentirse abandonados en el colegio y por los compañeros con los que no juegan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de enero de 1994