Personas afortunadas
Si usted no renovó su vieja televisión en blanco y negro, y la tiene en lugar bien visible de la casa, pero no la enchufa nunca, y hasta la ha olvidado; no por falta de tiempo, ni porque digan que es alienante, ni por pedantería intelectual, sino porque las cosas que hace en los ratos libres llenan de gozo su vida: leer libros, escuchar música, cocinar, espiar con sus prismáticos al vecindario... Si cuando sale a la calle evita locales comerciales con televisión y prefiere frecuentar teatros, parques, mercados... Si se excusa humilde mente por su desconocimiento cuando alguien saca en la conversación algún programa o tema televisivo: fútbol, concurso, reality show... Si los pocos amigos y familiares que conserva también ignoran la pantallita. Si cuando lee el periódico pasa de largo las páginas de televisión, deporte y automóvil, pues prefiere otros apartados como Cartas al director, y no tiene inconveniente en reconocer su afición a la columna de Haro Tecglen... Si, además, no encaja en ningún personaje de los anuncios, usted, señora, caballero, aun a riesgo de parecer jurásico, créame, es una persona muy afortunada.-


























































