Viaje a Andorra
Hay vacaciones que nunca se olvidan. Un ejemplo de ello fue lo que me sucedió en Andorra hace algunos días: dos compañeros y yo hicimos una excursión que resultó de lo más accidentada; imagínense perdidos en plena montaña pirenaica, rodeados de nieve y en busca de paz y sosiego, cuando, a las nueve de la mañana del día siguiente al de nuestra llegada, fuimos sorprendidos por un helicóptero de la policía andorrana. Inmediatamente después llegó la policía secreta acompañada de temibles perros, abriendo nuestras tiendas y obligándonos a salir para registrarlas. La sorpresa fue recíproca, pues no hallaron lo que presuntamente buscaban (¿drogas, oro, joyas?). Acabó la operación con el ofrecimiento de fresillas silvestres. Semejante atropello nos lleva a cuestionamos tanto dinero malgastado en tres simples excursionistas conquenses. Después de todo, Andorra, un "paraíso occidental", nos dejaba un mal recuerdo, y al cruzar la frontera tuvimos una nueva sensación de libertad.-


























































