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Tribuna:

Vuestro topo

Los rusos han elegido entre la nada y la más absoluta pobreza ética. Hago míos una vez más los versos de Tijonov, en los que tras asegurar que nuestro siglo pasará y se abrirán los archivos para poner al descubierto todas las secretas sinuosidades de la historia, sospecha que "mostrarán al mundo la gloria y el deshonor". Más adelante el poeta se compromete y afirma: "Otros dioses su faz oscurecerán / y se descubrirá toda desgracia / pero todo lo que fue verdaderamente grande / será grande para siempre". Un exceso de confianza poética. Los archivos sólo enseñan lo que previamente se ha guardado en ellos, ¿y qué juego deportivo cabe esperar del poder miserable servido por archiveros miserables?La liquidación del socialismo soviético ha llevado a este curioso personaje que marca la historia de su país según la duración de sus borracheras y el dinero en efectivo para sobornar a las tropas de élite. El inducido asalto al Parlamento dependió de que Yeltsin saliera de su ensoñación etílica y de que los oficiales parademocráticos tocaran pasta gansa, pero lo uno y lo otro ha sido interpretado por buena parte de los politólogos en otro tiempo occidentales como una inmensa suerte para la causa universal de la democracia. Cuando Roosevelt respaldó a Somoza como dictador de Nicaragua e instaurador de una sangrienta dinastía, opinó de don Anastasio: "Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Aquel que esperó un fin de milenio en el que el poder hubiera cambiado de pautas y aun asumiendo la dictadura de lo posible al menos hubiéramos alcanzado la confianza en la transparencia y en la corresponsabilización, que se cambie de especie o que definitivamente se suba a ese tren de cercanías que siempre ha llevado desde la nada a la más absoluta pobreza ética. Que os aproveche vuestro hombre en Moscú. Insisto: el vuestro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de diciembre de 1993