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Entrevista:SILVIA MARSÓ ACTRIZ

"Admiro a Tierno Galván porque no fue un político"

SOL ALONSO Pasó de niña a vedette. A los 10 años supo que quería ser artista y por el arte colgó los libros antes de los 15. Estudiando mimo conoció a Albert Boadella, Tricicle o Dagoll Dagom. A Marcel Marceau lo qui so como a un padre artístico, hasta castellanizar el apellido y confirmarse Marsó. Hizo teatro callejero, independiente, figuración en cine, revista, do blaje y anuncios publicitarios. Fue azafata en Un, do, tres y presentadora del Telecupón. Pero también ha cantado en el Teatro Romano de Mérida, animado un texto de Casona o compartido con José Luis Alonso uno de sus últimos montajes, La loca de Chaillot. Tiene 30 años y es una enfermera en La madre muerta, de Juanma Bajo Ulloa, además de trabajar a las órdenes de Adolfo Marsillach en La gran sultana hasta el 23 de enero en el Teatro de la Comedia. Se ve que nacer un 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, no se celebra descansando. Pregunta. Parece que se arrepiente de ciertos trabajos. Respuesta. En absoluto. He aprendido con cada cosa. Para llegar aquí sin padrino ni antecedentes familiares hay que aceptar casi todo lo que te ofrecen. Sólo insisto en que no estoy en esto por capricho ni soy un producto de la televisión. Llevo 15 años trabajando y ahora que por fin puedo permitirme el lujo de escoger intento de dejar a un lado los projyectos fáciles que sólo dan dinero y fama. El Un, dos, tres está tan lejos que me parece casi cruel seguirlo recordando.

P. Pero resulta curioso que Carmen Sevilla haya sido su sustituta en la tele y usted lo fuera de Victoria Abril.

R. Pues no tenemos nada que ver. He tardado mucho tiempo en tener las cosas claras, pero igual que puedo presumir de estar en la Compañía de Teatro Clásico, la mejor de España, haría cualquier chorrada si tuviera que ganarme la vida. Todo con dignidad.

P. ¿Y esa dignidad tiene algún límite?

R. Por supuesto. A mí me han ofrecido desde simular romances para la prensa del corazón hasta posar desnuda. Cosas idiotas que no llegan a ninguna parte.

P. Ha trabajado con Ava Gardner. ¿Pudo conocerla?

R. Hice un papel insignificante en Harén, una serie de televisión. Recuerdo su consejo: "Ten paciencia. En esta profesión no se llega jamás".

P. La gran sultana es una llamada a la tolerancia.

R. Sí. Cervantes debió de escribir este canto a la libertad pensando en los años noventa. Lo que está pasando es impresionante. Racismo, xenofobia, intolerancia religiosa... La gente sólo quiere espectáculos vacíos que entretienen el cerebro y anulan la conciencia. Por eso censuran el teatro alternativo.

P. Trabajar a la vez con Juanma Bajo Ulloa y Adolfo Marsillach es todo un triunfo.

R. Estoy muy satisfecha, pero nada es definitivo en esta profesión. Ni los éxitos ni los fracasos.

P. Usted declaró que admiraba a Enrique Tierno Galván porque no era sólo un político.

R. Sí. Y cada día me reafirmo. Fue ante todo un ser humano que comprendió como nadie a la juventud.

P. Catalana defensora del Madrid más viejo y el castellano más clásico.

R. Madrid es la parte antigua; lo otro, para mí, un añadido. Y, en cuanto al idioma, haciendo en México La gran sultana me ha emocionado el gran respeto que sienten por el castellano y por los clásicos, igual que oír cómo le dicen maestro a Marsillach. Poder hablar dos lenguas en un mismo país es todo un privilegio.

La gran sultana. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Véase Cartelera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 1993