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Dos atletas negros de EE UU, apaleados en Alemania por neonazis

El vicepresidente del Comité Olímpico Alemán, Helmut Digel, reconoció ayer que los atletas extranjeros tienen razón al sentirse amenazados en Alemania a causa del racismo. La paliza propinada por un grupo de adolescentes neonazis a varios componentes del equipo norteamericano de Lugue en la localidad Oberhof, en el land oriental de Turingia, ha causado un gran impacto en el mundo del deporte alemán, poniendo de nuevo en primer plano la xenofobia creciente desde la unificación y el daño irreparable que sufre la imagen del país. La fiscalía de Turingia ha indicado que podría acusar de intento de asesinato a los cinco detenidos tras el incidente."Existe un miedo justificado en el extranjero sobre acudir a competiciones en Alemania", dijo Digel, "debemos mostrar que podemos organizar pruebas en las que los extranjeros se sientan seguros y puedan tomar parte en ellas sin ser atacados, molestados o insultados por grupos de radicales de extrema derecha". Según el vicepresidente del Comité Olímpico Alemán, el racismo jugó un papel muy importante en el hecho de que no le fuera concedida a Berlín la organización de los Juegos del 2000.

El incidente tuvo lugar en una discoteca de Oberhof, en el llamado Bosque Turingio, idoneo para la práctica del esquí de fondo y donde se encuentran las mejores pistas de lugue, en las que se entrenaban los, en otros tiempos, invencibles especialistas de la ex RDA. Numerosos practicantes de esta especialidad han escogido Oberhof para entrenarse al inicio de la estación invernal. Los miembros del equipo norteamericano se hallaban en una discoteca cuando entró un grupo de unos 15 skinheads, todos ellos adolescentes, y algunos con cruces gamadas en sus chaquetas. Algunas versiones indican que uno de los estadounideneses, Gordy Sheer, de raza negra, les recriminó por llevar este símbolo nazi.

Lo que es seguro es que los skinheads se dirigieron contra Sheer y su compañero Robert Pipkins, también de piel oscura, ridiculizándolos primero, insultándolos después para finalmente, -al grito de "Negros fuera" agredirles. Otro miembros del equipo estadounidense, Duncan Kennedy, de raza blanca, salió en su ayuda y fue pateado y abofeteado, acabando con la nariz rota, varios chichones en la cabeza y las costillas doloridas. Los norteamericanos consiguieron salir finalmente del local y la policía, posteriormente, detuvo a cinco de los agresores, aunque, tras tomarles declaración, dejó en libertad a cuatro.

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