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Marchais dejará en enero la dirección del PC francés por razones de salud

Sólo el tiempo y sus achaques han podido con él. Georges Marchais, nacido hace 73 años en el seno de una familia obrera de la región de Calvados, abandonará el próximo enero la secretaría general del Partido Comunista Francés (PCF), que ejerce desde 1972. Marchais lo anunció en una carta enviada al Comité Central desde la habitación del hospital Henri Mondor, donde se recupera de una operación de artrosis de la cadera, en la que decía: "Hace más de dos décadas que asumo esta responsabilidad, y tengo la edad que tengo. Es inútil especular sobre las razones de esta decisión: son evidentes".

Desde la caída del Muro de Berlín y el hundimiento de la URSS, Marchais se había convertido en un anacronismo que tan sólo hacía felices a los caricaturistas. Ni tan siquiera esos vendavales históricos habían conseguido moverle un solo pelo de sus tupidas cejas. "Soy más comunista que nunca", repetía.Los llamados refundadores del PCF, apenas una quincena de personas entre los 139 miembros del Comité Central, se desesperaban ante el empecinamiento de Marchais en conservar su puesto e impedir con ello cualquier renovación de la formación que, tras la II Guerra Mundial, había llegado a ser la más poderosa de Francia.

Los únicos cambios que Marchais aceptaba eran los que, como tintarse los cabellos o depilarse las cejas, servían para rejuvenecer su imagen física. Como el portugués Alvaro Cunhal o el cubano Fidel Castro, Marchais insistía en que cualquier perestroika era un suicidio. En las últimas décadas, y sin necesidad de los acontecimientos al otro lado del desaparecido telón de acero, la actitud numantina de este antiguo mecánico había conseguido convertir al PCF en una secta de obreros entrados en años. De tener el 25% de los sufragios, el PCF había pasado a situarse por debajo del listón del 10%.

Marchais, que ya venía sufriendo problemas cardíacos desde comienzos de los años ochenta, arrojó ayer la toalla. Anunció que abandonará el cargo de secretario general al término del 28 congreso del PCF, que comenzará el próximo 25 de enero. El dinosaurio (aunque accedió a la secretaría general del PCF en 1972, ya dirigía el partido en la sombra desde 1961) no se pronunció sobre el nombre de su sucesor. El congreso, convocado para consagrar el abandono oficial del centralismo democrático, tendrá también que abordar la tarea de elegir un nuevo líder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de septiembre de 1993