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Cartas al director

Camarón en el recuerdo

Aparecía Camarón en el escenario y antes de que empezara a cantar se había hecho ya en el teatro un silencio impresionante, como de catedral, sin que hubiera empezado siquiera a sonar la guitarra, sólo con su presencia, Camarón, oscuro y deslumbrante como un Gran Poder, mirando sin ver, como él miraba, como si hubiera visto algo que le hubiera dejado ciego para ver ya nada más. El cante de Camarón, como su vida toda, no fue más que un intento, prodigioso pero fatalmente fallido, de comunicamos aquello que sólo él conocía y que hacía que en medio de cualquier cante suyo de aquellos que emborrachaban de lo puro y lo viejo y lo bien que sonaban surgiera el milagro siempre nuevo de su grito inapelable, como un navajazo de plata, aquel grito suyo a media voz estirándose, estirándose, consumiéndose interminable, insoportablemente, Camarón, volando majestuoso hacia el abismo, peleando hasta el final en una pelea sin victoria posible, como los héroes, Camarón.-

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