Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Rafsanyani se enfrenta a la hora de la verdad

La situación económica de Irán y 14 años de privaciones, principal desafío de la teocrácia islámica

ENVIADO ESPECIAL Son las doce de la mañana en Teherán, pero en el cuartel general del otrora poderoso ayatolá Hussein Alí Montazeri, en la ciudad sagrada de Qom, el reloj marca la una de la tarde. En ninguna de las paredes hay una sola fotografía del líder espiritual de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. El desdén por4a hora oficial y por el severo rostro de Jameini no son un capricho. Ambos ilustran el descontento de un sector importante del clero shií con el actual estado de cosas en Irán.Dos semanas después de su reelección, el presidente Alí Akbar Hachemi Rafsanyani guarda silencio y sigue atentamente las críticas de políticos,, líderes religiosos y de la calle. Las elecciones han abierto una etapa crucial en la revolución islámica de 1979. En los próximos cuatro años, Rafsanyani tendrá que contentar a todos. Como ello es casi imposible, la gente que destronó al sha para implantar el régimen revolucionario islámico podría darle pronto la espalda.

Las cábalas de opositores que ven un hundimiento inminente son exageradas. Rafsanyani es un dirigente astuto y, aunque el apoyo (64% del voto) que recibió. el 11 de junio demuestra erosión de su popularidad, no hay síntomas serios de inestabilidad en el poder. Pero todo el sistema, en cuyo vértice está Jamenei, es puesto en tela de juicio desde varios flancos. La habilidad de Rafsanyani para realizar un nuevo acto de malabarismo político está por ver.

Las reformas económicas -la devaluación del rial, la inflación de cerca del 30%, el desempleo y una deuda cercana a los 35.000 millones de dólares- han fortalecido a los comerciantes del bazar, a los empresarios privados y a las bonyod, las intocables fundaciones creadas en Ha revolución. Éstas son hoy conglomerados dirigidos por clérigos, o mulás, que han armonizado el conservadurismo religioso con las más lucrativas y extravagantes recompensas terrenales.

Tráfico de influencias

Al manejar millones de dólares, las fundaciones se han convertido en un poderoso aparato económico paralelo. En Teherán abundan historias de tráfico de influencias y corrupción. "Estamos progresando", comenta con ironía un importador que dice haber cerrado un negocio gracias a la ayuda de un mulá de la Fundación de los Desposeídos. "Dentro de poco estaremos a la altura de Italia".

Las críticas públicas son más cuidadosas, pero transmiten la misma amargura. Belizad Nabavi, del Centro de Estudios Estratégicos de Irán, ex miembro del primer comité central de la revolución islámica, advirtió en una entrevista con el diario Salaam: "La liberación de la economía y la privatización arruinarán a los estratos pobres, impondrán el capitalismo y provocarán la polarización de la sociedad".

El parlamentario Sayed Farayolá Afradizedh fue uno de los primeros en advertir al Gobierno que el Majlis (Parlamento) espera una total reestructuración del Gabinete para combatir "los sobornos, el nepotismo y los contactos privados que han reemplazado a la ley".

Según fuentes políticas, Rafsanjyani ya está elaborando una lista de tecnócratas para su próximo Gobierno. Pero los desafíos futuros son mayores. Si impulsa sus reformas con rigor, complacerá al Fondo Monetario Internacional, pero se enfrentará a sectores del bazar, a las fundaciones y a una, ola de descontento como la que el año pasado empujó a los trabajadores a la huelga. Si opta por disfrazar la situación con cambios superficiales, los problemas económicos de Irán se acentuarán día a día, en momentos en que el precio del petróleo se mantiene en el incierto nivel de 17 dólares por barril, y en que las perspectivas de mejorar relaciones con Occidente para atraer las tan necesarias inversiones siguen siendo más remotas que nunca.

Las mil caras del descontento

El principal desafío a la teocracia islámica iraní emerge del sombrío cuadro económico en un país que esperaba un respiro tras 14 años de privaciones, ocho de ellos de guerra contra Irak. Una bonanza que prometió Alí Akbar Hachemi Raflanyani en 1989 no se ha tenido para "los hijos de la revolución". Lo que es peor: la política económica ha beneficiado a los ricos y ha creado fortunas de la noche a la mañana al amparo del favoritis, mo oficial. Entre los centenares de iraníes que acuden diariamente al gigantesco mausoleo del ayatolá Jomeini hay lamentos. "El imam Jomeini jamás habría permitido todo esto", comenta un campesino de Shiraz para quien aperos y fertilizantes se han convertido en bienes de lujo.El conflicto en Irán ya no se reduce a batallas ideológicas ni teológicas entre "pragmáticos" y "cradicales" o entre "conservadores" y "extremistas". La lucha se libra en el campo económico. No hay dinero y el descontento tiene mil caras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 1993

Más información