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VUELTA A ESPAÑA 93

Rominger aclara el futuro en el Naranco

CARLOS ARRIBAS, Un gramo de locura en la mente de un hombre con fama de cuadriculado y la mala suerte de un hombre tenaz transformaron la cara de la Vuelta, dos días, antes del final. Un día presuntamente mortecino fue, de repente, en un descenso, el más decisivo. Tony Rominger (Clas) atacó bajando La Cobertoria, sin miedo a la lluvia, y Alex Zülle (ONCE) se cayó en su afán por seguirle. Faltaban 50 kilómetros para la meta. 50.000 metros de subidas y bajadas que el líder corrió como alma que Deva el diablo. Ganó la etapa y casi la Vuelta. Su fuga y la persecución desaforada de Zülle bajo la lluvia fueron una lucha hermosa.

Manolo Sáiz, director del ONCE, estaba nervioso por la mañana. "La etapa de hoy va a marcar más diferencias que la de los Lagos", preveía. Y se le miraba como si delirara. Todos recordaban el fiasco del día anterior. El delirio volvió a repetirse horas después. La fiebre causada por la emoción. También hablaban todos de tácticas, y de alianzas. Que si el Amaya tenía la clave de los ataques, que si Zülle podría aprovecharse: de otras luchas, que si Rominger estaba a la baja, nervioso y preocupado. Los hombres del Clas callaban y hacían como si hicieran cuentas de cara a una contrarreloj final que se presenta intranscendente. La rabia de un campeón y el afán de otro rompieron todos los esquemas iniciales.Todo se desarrolló sobre la marcha. Rominger conoce el dicho que dice que las etapas de montaña se ganan en los descensos, no en las subidas. Como siempre que llueve y se prevé una bajada peligrosa el veterano suizo se puso por delante nada más subir La Cobertura, un puerto de primera. Junto a él su compañero Iñaki Gastón. Se sentían fuertes. Más, al menos, que los no más de 10 ciclistas selectos que les habían acompañado. Delgado, Cubino, Montoya, Rincón y compañía. Los protagonistas de todas las etapas de esta Vuelta.

Un cruce de miradas

Un cruce de miradas valió. Sin pensarlo dos veces Rominger y Gastón aceleran y se lanzan, echando un pulso a la gravedad. "No soy un Chiappucci, no he arriesgado macho. Además, no sabía que Zülle se había caído", explicaba después Rominger.

Si él no sintió el peligro, hizo que otro lo notara. Zülle había perdido contacto y cuando quiso darse cuenta se hallaba a 20 segundos. Solo, intentaba perder la precaución. Cuando se sentía más seguro se fue al suelo. Fue una imponente culada. "Tenía miedo en la bajada, con tanta agua. No sé cómo pudo pasar. De repente me vi deslizándome por el suelo. No me dolió. Sólo me agobiaba no encontrar la bicicleta", recordó el joven suizo.

La bicicleta le había derrapado en una curva despacio, casi a cámara lenta. Y allí, a 50 kilómetros de, la meta, comenzó una persecución sin tregua pero a la vez de gran belleza.

Como un orate guiado por una obsesión, que no repara en ningún inconveniente, que sólo ve una luz al fondo que le llama, Rominger se lanzó. Se concentró en su pugna y tiró. Comenzó a sufrir, pero no se permitió bajar la marcha. Sentado y moviendo un desarrollo desproporcionado hizo mover sus músculos como si fueran los pistones de un motor. La vista fija sólo adelante. Cuando Gastón, exhausto, se quedó atrás, sólo existieron él y la obsesión durante algo más de 20 kilómetros.Alex Zülle fue el sediento que ve cómo la fuente de agua se le aleja más deprisa que la velocidad que le pueden dar sus pasos, pero que, negándose a creer en la alucinación, sigue y sigue hasta el manantial. Se convirtió en una fuerza de la naturaleza. Embarrado hasta la gorra se olvidó rapidamente de la caída e hizo una carrera paralela a la de su compatriota. La distancia, unos 50 segundos, permaneció inmutable. Primero ayudado por Erik Breukink, hasta que éste se quedó, reventado por el enorme esfuerzo. Después, poniendo a unos cuantos en fila india, como si tirara de un perro que le siguiera a regañadientes. Allí, en la correa, llevaba a Laudelino Cubino, Pedro Delgado, Jesús Montoya, Oliverio Rincón... Escaladores que sólo podían intentar no perder terreno. "Iba muy deprisa. Me llevaba colgado", resumió Cubino. Aún así, le atacó en el último kilómetro de la etapa y se atravesó la meta en segunda posición.

"Estoy seguro de ganar"

C. A., "Estoy seguro de ganar", aseguró Rominger. "Si no pasa nada, una caída o un pinchazo, 1. 17 minutos es una ventaja suficiente". Pese a la euforia, el veterano suizo fue modesto el día en que ató más corta su segunda Vuelta consecutiva: "No subo como Chiappucci. Si voy con él, me saca tres minutos al final".

Juan Fernández, su director, también tuvo tiempo para la reflexión. Aunque antes exhibió su emoción: "Pocos pueden hacer lo que ha hecho Tony. Pero era una lucha de riesgo. Zülle se cayó porque le obligamos a arriesgarse. Luego dudé entre esperar a Delgado y los del Amaya, pero Tony me dijo que iba bien y decidió seguir solo". Fernández coincidió con su pupilo en el análisis de la Vuelta: "Puede haber quedado sentenciada. Tony la tiene ganada, pero hay que pensar en la adversidad. Por justicia, tiene que ser suya".

Zülle, mientras tanto, no perdió las esperanzas, aunque se mostró resignado. "La Vuelta no se acaba hasta el domingo, pero ' pase lo que pase, estoy contento. No me podía imaginar al comenzar la Vuelta que tendría el podio tan cerca. Es que es la primera ronda de tres semanas que voy a terminar. En la Vuelta y el Tour del año pasado sólo corrí 10 días. Me ha dolido más el tiempo que he perdido que el golpe".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de mayo de 1993

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