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Progresividad y neutralidad

La política fiscal ha tenido un notable protagonismo en la economía española durante los últimos años. Su valoración tendrá en cuenta consideraciones de progresividad y neutralidad.La progresividad de los impuestos es manifiesta en el IRPF, donde el tipo marginal máximo de la escala española está entre los más altos de la CE. Pero el cambio producido en los últimos años en la tributación de las familias al permitir la declaración separada Fuente: de Economía y Hacienda de los cónyuges habrá afectado sin duda a la pretendida progresividad del IRPF.

La neutralidad (entendida como característica del impuesto que no modifica la decisión de los agentes frente a las que se tomarían si el impuesto no existiera) ha tenido una evolución desigual. De un lado, la implantación del IVA ha supuesto una mejora frente al antiguo ITE, pues el IVA no influye en la decisión de inlegración vertical de las empresas. Por otra parte, la progresiva reducción de la desgravación fiscal por inversión en activos fisicos inmovlizados ha tendido a homogeneizar la imposición efectiva de las rentas generadas por edificios, bienes de equipo y y existencias. Iniciativas más recientes, como la introducción de desgravaciones para las inversiones en investigacion y desarrollo y redes de comer cialización exterior, han colocado a éstas con una imposición efectiva inferior.

La inversión en vivienda continúa con una imposición efectiva favorable entre el conjunto de opciones de inversión de familias y personas, aunque la ventaja es menor después de la introducción de los fondos de inversión y la gene rosa fiscalidad sobre plusvalías generadas a través de ellos.

Una decisión especialmente significativa de no neutralidad es que se produce en tomo a la de cisión sobre el vehículo elegido para generar rentas, la persona física o la persona jurídica. El me nor tipo impositivo que se aplica a los beneficios generados a través de las sociedades en relación al tipo de la renta de las personas induce un estímulo a crear sociedades muchas veces atendiendo sólo a razones fiscales.

El objetivo de neutralidad no nos parece deseable por sí mismo. La política fiscal es un instrumento de política económica y por tanto un medio para incentivar acciones que se consideren deseables desde el interés general. La política fiscal no perderá protagonismo en el futuro. En buena parte acrecentará su papel sustituyendo paulatinamente a la política industrial más ortodoxa de ayudas directas y subvenciones ante las res tricciones de los órganos comunitarios.

La preocupación por aumentar el empleo derivará en mayores es tímulos a la inversión, pero deberá sopesarse también el efecto negativo que puede tener sobre el empleo una menor presión fiscal sobre las rentas del capital, debido al efecto sustitución entre los dos factores si se abarata el factor ca pital.

Vicente Salas es catedrático de Organización de Empresas de la Universidad Autónoma de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de mayo de 1993.

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