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Tribuna:LA CELEBRACIÓN DEL PRIMERO DE MAYO

La prioridad debe ser el empleo

Los sindicatos mayoritarios celebran hoy un Primero de Mayo unitario, con la excepción del País Vasco, donde CC OO y ELA-STV mantienen un pacto de unidad del que UGT no participa y hoy se manifestará en solitario en Euskadi. Las centrales han situado la creación de empleo como la primera reivindicación del día de los trabajadores. Así lo expresan los líderes de UGT y CC OO, Nicolás Redondo y Antonio Gutiérrez, quienes consideran esencial que el Gobierno adopte medidas para la reactivación de la economía. En su criterio, sólo impulsando el crecimiento sostenido de la economía se solucionará el problema que afecta a tres millones de españoles parados.

Difícilmente puede exagerarse la crítica situación que vive la sociedad española, con una economía en recesión, los niveles de desempleo más altos jamás registrados, un mercado de trabajo desestructurado y una baja población activa. Parece imprescindible, por tanto, que todos los esfuerzos de nuestra nación se dirijan a atender las demandas sociales.Es impostergable, en primer lugar -y éste es un motivo central de las reivindicaciones del Primero de Mayo-, poner la reactivación de la economía y la creación de empleo como objetivos prioritarios en la acción de los poderes públicos. Es decir, lo contrario de lo que ocurre ahora. La política monetarista practicada en España, con unos tipos de interés disparatados, ha fomentado la especulación y afectado seriamente el tejido productivo. Los negativos resultados se traducen ahora en cierres de empresas con despidos masivos.

Un cambio de orientación requiere una postura firme en el ámbito comunitario en favor de una acción coordinada de los Estados miembros para lograr un crecimiento sostenido, de al menos el 3%, en Europa, como ha demandado la Confederación Europea de Sindicatos. Además, restablecer la credibilidad de la convergencia fijando objetivos más realistas y que incluyan criterios de convergencia real, entre ellos los referidos a niveles de desempleo y población activa.

Es imprescindible actuar también en España. Con tres millones de parados y la perspectiva cierta de que ese enorme número se incremente aún más en 1993, resulta completamente inaceptable limitamos a esperar una recuperación internacional que, cuando se produzca, es dudoso que vaya a servir para crear automáticamente empleos en nuestro país. Como también lo es persistir en la permanente culpabilización de los salarios cuando los costes laborales españoles están entre los más bajos de Europa, después de los portugueses y de los griegos.

Es sin duda incongruente echar la culpa a los nueve millones de asalariados de este país de todos los males de la economía y proponerles a la vez que acepten un pacto social. En lugar de pretender echar sobre los demás la responsabilidad por los errores de la política económica, es menester modificarla. Resulta totalmente incongruente que en España, y precisamente en un momento de paralización económica, se suban los tipos de interés cuando en el ámbito comunitario bajan generalizadamente. Y habrá que encarar también medidas como el aumento de la inversión pública (en infraestructura, vivienda, protección del medio ambiente), la lucha decidida contra el fraude fiscal, el control de los precios, sobre todo en el sector servicios, y el diseño de una política industrial activa, cuya ausencia es hoy clamorosa.

Protección social

Es menester realizar un gran esfuerzo para incrementar y fortalecer el sistema de protección social, hoy gravemente amenazado por un paro masivo que, de continuar, provocará ineludiblemente, pese a todas las promesas electorales que se realicen, nuevos y graves recortes en las prestaciones. El mantenimiento, como mínimo, de los actuales niveles de gasto, la revalorización automática de las pensiones según la evolución de los precios -una de las grandes conquistas de los trabajadores tras el 14-D-, la defensa de la sanidad pública, universal y gratuita, son algunos aspectos centrales en esta materia. También una política social de viviendas de iniciativa pública, con una ley de arrendamientos justa que corrija las injusticias del, nefasto decreto Boyer.

Otro objetivo central de este Primero de Mayo es reclamar el desbloqueo de la negociación colectiva de 1993 en momentos en que el Gobierno y los empresarios mantienen paralizada la mayoría de los convenios, tanto en el sector privado como en el público. Seguramente la sinceridad de las llamadas a la negociación de un pacto social se verá reforzada si se empieza por lo más cercano, lo más factible y lo más urgente: los convenios colectivos que rigen las condiciones laborales de millones de trabajadores y trabajadoras.

La Unión General de Trabajadores ha mostrado siempre su plena disposición para desarrollar un diálogo social posible y fructífero en tomo a las grandes cuestiones que demandan los trabajadores y la sociedad en su conjunto. Diálogo con la mira puesta en el progreso y no en la regresión social. Y que debe tener objetivos como la sustitución, mediante convenios colectivos, de las ordenanzas laborales, el desarrollo del reciente acuerdo CC OO-UGT-CEOE sobre formación continua, la reforma del mercado de trabajo para reducir drásticamente la precariedad y la potenciación del Inem como agencia pública de contratación. Diálogo que para ser realmente viable requiere de todas las partes el cumplimiento escrupuloso de los compromisos adquiridos. Los acuerdos que se establecieron con los sindicatos, tras largas negociaciones, sobre la ley de salud laboral y la ley de huelga serán buena prueba de que existe voluntad en este sentido.

Construcción europea

Por último, la movilización de hombres y mujeres del mundo del trabajo implicaría reafirmarnos en el compromiso con la construcción europea, que ya fue objeto de las grandes manifestaciones del 2 de abril en diferentes países. Hacer realidad una Europa abierta y comprometida con el desarrollo de terceros países, desarrollar una lucha activa y coordinada contra la discriminación, la xenofobia y el racismo, reforzar, en definitiva, su unidad política y su espacio social, son demandas que el movimiento obrero mantiene con la convicción de que son imprescindibles para asegurar un futuro mejor para todos.

Nicolás Redondo es secretario general de UGT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de mayo de 1993