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CEOE exige reducir en cinco puntos los tipos, rebajar los impuestos y retirar la ley de huelga

La asamblea empresarial celebrada ayer en Madrid no fue la declaración de guerra formal contra el Gobierno que se esperaba. Los dirigentes de la CEOE optaron por unos discursos fríos y medidos. Tan sólo se recurrió al tono de mitin en los dos o tres minutos finales, cuando el líder de la patronal, José María Cuevas, recabó y obtuvo el apoyo de la asamblea -5.800 empresarios, según los convocantes- para seguir respondiendo a quienes ponen en entredicho su representatividad. Es decir, al Gobierno y al PSOE, aunque no llegó a mencionarlos expresamente en ningún momento. Sin embargo, junto a esta prudencia formal, el presidente de la CEOE expuso unas demandas que chocan frontalmente con la política económica del Gobierno, sobre todo la reducción en 4 o 5 puntos de los tipos de interés, la rebaja de los impuestos y la retirada de la ley de huelga.

"¿Debo callar o aplaudir ante esta situación de crisis económica y moral?", preguntó Cuevas por dos veces. El auditorio le contestó un unánime "nooooo". Y un empresario aislado añadió: "¡Dales caña!". Ésta fue la única fase del discurso del patrón de patronos, que rompió su tono plano y exento de crispación, con la que Cuevas se defendió de los ataques recibidos en los últimos días; el resto de su intervención se centró en las principales peticiones de los empresarios, que condensó en diez puntos (Ver cuadro).De ese decálogo, los dos aspectos que más captaron la atención de los empresarios reunidos en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid fueron el precio del dinero y la fiscalidad.

Reducir los tipos de interés en 4 ó 5 puntos de manera urgente es la propuesta prioritaria de los empresarios para atemperar los efectos de la crisis, según Cuevas. Sin embargo, a lo largo de la asamblea, uno de los ponentes, Antonio Remilo, fue aún más lejos. El presidente de los empresarios gallegos recordó que los tipos rondan en estos momentos el 18%, y propuso una reducción de nueve puntos, entre los aplausos de los asistentes.

Gasto público incontrolado

Remilo, que recordó que los descubiertos los pagan a un 30%, culpó directamente al Gobierno de los elevados tipos de interés por el fuerte incremento del gasto público. El empresario gallego explicó que "las Administraciones gastan sin control, a destajo y a bajos tipos de interés. Como no son capaces de cubrir los gastos, tienen que acudir a nuestros ahorros". "Ello implica, además que los tipos de interés que nos aplican las entidades financieras estén muy elevados", sentenció, en uno de los escasos lances de tensión que hubo en la asamblea general extraordinaria de la patronal.El "diluvio fiscal", en palabras del secretario general de CEOE, Juan Jiménez Aguilar, fue el segundo de los temas preferidos por los empresarios reunidos ayer en Madrid. Un par de llamadas espontáneas a la rebelión fiscal desde el público jalonaron la exposición de la CEOE al respecto, que corrió a cargo de Alfredo Molinas, el presidente de la patronal catalana.

Molinas, que acusó al Gobierno de imponer el terror fiscal, hizo especial hincapié en los efectos del impuesto de actividades económicas (IAE) en las pequeñas y medianas empresas, y en la creciente inseguridad jurídica que acarrea lo que denominó "diarrea legislativa". "Desde 1982 ha habido 341 normas distintas en relación con el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF)", remarcó.

Molinas, posteriormente refrendado por Cuevas en su discurso de clausura, solicitó una "urgente, profunda y densa reforma fiscal, cuyo objetivo no sea sólo recaudar para cubrir los presupuestos".

A pesar del tono discreto de las intervenciones de los empresarios, inusual en Cuevas, el presidente de la patronal no se resistió a responder a los que le acusan de no representar al empresario real. A lo largo de su intervención, apeló varias veces a esa expresión para referirse a los presentes en el acto, dirigiéndose, aunque sin citarlos expresamente, al PSOE y al Gobierno.

En los últimos minutos de su discurso, el presidente de la patronal aprovechó para hacer un llamamiento a la unidad de los empresarios, y lanzar otra pequeña puya política. "Esa unidad debe servir para hacer frente a los intentos de división que falsos y malos políticos entienden que les dan rentabilidad electoral".

Sin embargo, esta llamada a la unidad contrastó significativamente con la ausencia de primeros espadas del mundo empresarial español, en especial de la banca y del sector público. Tampoco asistió el presidente de la patronal bancaria, José Luis Leal, que se encontraba de viaje en Copenhague, según fuentes de AEB. Curiosamente, ayer, y coincidiendo con la asamblea de la CEOE, la plana mayor de las empresas públicas asistían en la sede del Instituto Nacional de Industria (INI) a la presentación en sociedad de sus resultados de 1992.

El incumplimiento del plan de convergencia fue denunciado por Fernando Fernández Tapias, líder de la patronal madrileña, quien acusó al Gobierno de provocar la caída en picado de los resultados empresariales, del cierre de empresas y de las suspensiones de pagos.

Los sindicatos no se libraron de algunas críticas y acusaciones de "intolerantes", lanzadas por el líder de los jóvenes empresarios, José Juan Pérez Tabernero. Otros les responsabilizaron del aumento del desempleo, como consecuencia de su rigidez a la hora de negociar.

El vicepresidente primero de CEOE, Arturo Gil, aseguró que "son la envidia de los sindicatos de todo el mundo", a causa del entreguismo del Gobierno. Y Juan Jiménez Aguilar dijo que, es tal el poder de las centrales, que "basta que Nicolás Redondo y Antonio Gutiérrez se reúnan a tomar café para poner el país patas arriba y organizar una huelga general". Incluso lo ve posible si "Nicolás Redondo se toma el café solo".

La reacción sindical se produjo enseguida. Según Antonio Gutiérrez, secretario general de CC OO, el decálogo de la CEOE no está a la altura de las circunstancias y "las exageraciones del líder de la patronal contra la ley de huelga son un auténtico sabotaje a la inversión". "Si la situación continúa así, nos hundiremos todos un poco más, empresarios y trabajadores", concluyó Gutiérrez en declaraciones a Europa Press.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de marzo de 1993

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