Sarajevo y Mr. Panic
ANTE LA violación por los serbios del alto el fuego firmado en Londres el 17 de julio -y que debía facilitar la operación de salvamento de la población civil de Sarajevo a los cascos azules-, la Comunidad Europea ha decidido tomar nuevas medidas contra los agresores. En concreto, ha pedido a la ONU que expulse de su seno a la nueva Yugoslavia, formada por Serbia y Montenegro, y cuyos órganos dirigentes están controlados por el partido comunista -ahora llamado socialista- del presidente de Serbia, Slobodan Milosevic. Esta Yugoslavia de nuevo cuño aspira a ocupar en las organizaciones internacionales el lugar que ha correspondido, hasta su desaparición, a la Federación Yugoslava. Pero aceptar en la. ONU al nuevo país sería dar una prima a los responsables de la guerra que asuela desde hace un año a Croacia y Bosnia.La decisión de la CE debe reforzar el aislamiento de los agresores serbios, sometidos ya a un bloqueo económico respaldado por la vigilancia naval en el estrecho de Otranto. Por otra parte, el rechazo por parte de la ONU de la nueva Yugoslavia es importante para estimular a las fuerzas serbias de oposición, que se han movilizado para combatir a Milosevic y luchar por un cambio de la política serbia, en particular por la renuncia a las agresiones contra repúblicas vecinas.
En ese orden, el nombramiento de un millonario de California, Milan Panic, como primer ministro de la nueva Yugoslavia ha causado cierto estupor. Su historia -un emigrado serbio que ha hecho fortuna y que tiene la nacionalidad norteamericana- cuadra mal con la de una persona dispuesta a servir la política comunista-nacionalista de Milosevic. ¿Con qué intenciones ha aceptado Panic el cargo? ¿Para ayudar a los agresores serbios en el plano internacional? O, por el contrario, ¿está dispuesto a iniciar otra política, incluso a enfrentarse con Milosevic y a jugar la carta del desplazamiento de éste? Panic habla como si desease confirmar esta segunda hipótesis y alimentar ilusiones sobre su posible papel.
En un reciente periplo por diversas capitales -Sarajevo, Roma, París, Nueva York-, Panic ha hecho reiteradas declaraciones en el sentido de que es partidario de que las armas pesadas que bombardean Sarajevo sean concentradas bajo el control, de la ONU. En cuanto a las bandas de "irregulares serbios" que combaten en Bosnia, ha condenado las expulsiones masivas que llevan a cabo de todos los que no son serbios. Es más, ha calificado a los jefes de esas bandas como criminales de guerra que merecen ser juzgados por un tribunal internacional. En teoría, estas declaraciones deberían suponer un cambio profundo de la política serbia. Al ser primer ministro de la nueva, Yugoslavia, formada por Serbia y Montenegro, Panic debería tener mayores poderes que Milosevic, presidente solamente de Serbia.
Pero los hechos son más importantes que las palabras. Y lo que Panic ha hecho hasta ahora sólo ha sido propaganda. La política serbia sigue siendo brutalmente agresiva, con el cinismo añadido de firmar acuerdos de alto el fuego para violarlos sin escrúpulos. Las organizaciones internacionales, principalmente la ONU, la UEO y la CE, tienen que dar mayor eficacia a su intervención en apoyo de una solución negociada. La operación de los cascos azules en Sarajevo exige ser reforzada con el envío de nuevas unidades. A pesar de las dudas inoportunas expresadas por el secretario general, Butros Gali, la ONU necesita ampliar la misión que está llevando a cabo: consolidar el control del aeropuerto y organizar el de las armas pesadas, según los compromisos contraídos. La experiencia demuestra que solamente reforzando a los cascos azules se puede avanzar hacia medidas susceptibles de aliviar los sufrimientos de la población civil.
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