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Induráin deja el Giro visto para sentencia

Miguel Induráin ha dejado el Giro visto para sentencia. A dos días del final, la única incógnita es si culminará su triunfo con la victoria en la contrarreloj de Milán. Sus rivales italianos repitieron ayer la historia de días anteriores. Pero sus ataques ya no pretendían destronar al jefe de filas del equipo Banesto, sino aprovechar la última etapa de montaña para conseguir objetivos secundarios. Claudio Chiappucci luchó por afirmarse en el liderato de los puertos y en la segunda plaza de la general y Franco Chioccioli hizo honor a su palabra y, como había anunciado, ganó la etapa.

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Induráin, por lo que pudiera suceder, observó de cerca todas las maniobras. Volvió a transmitir la sensación de contener sus fuerzas para no malgastarlas. El Tour, su gran objetivo, empieza el 4 de julio. Exhibir el canibalismo del mítico belga Eddy Merckx no es aconsejable cuando tiene la carrera en el bolsillo. La ventaja del maglia rosa es más que respetable y, por si fuera poco, es el máximo favorito para ganar la larga contrarreloj individual de 66 kilómetros con la que concluirá mañana la prueba. "Voy a intentar recuperarme para hacer una buena contrarreloj y compensar a la gente que me ha estado siguiendo en este Giro", anunció el ciclista español.El terreno por el que discurrió ayer la etapa era propicio para los ataques. Montaña, carreteras estrechas y sinuosas y un buen número de corredores dispuestos a quemar sus últimos cartuchos para lograr un triunfo parcial o afirmar su clasificación en la general. Pero las fuerzas están al límite. Tan sólo los mejores y, por encima de ellos, Induráin libraron una nueva escaramuza.

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Chiappucci ya anunció el sentido de sus pedaladas pasando en primer lugar el primer alto de la jornada, el de Croce Serra. Le interesaba reafirmar su liderazgo en la clasificación de la montafia. Sus esfuerzos cuando la carretera se empinaba fueron los únicos que pusieron al pelotón en fila india. El australiano Neil Stephens (Once) y el danés Bjarne Rijs (Aríostea) fueron los únicos que intentaron la aventura. Fue en vano.Chioccioli demostró su condición de figura. El ganador de la última edición de la carrera había anunciado tras la etapa del jueves que tan sólo le quedaba por ganar una para sentirse satisfecho de su rendimiento, dada la inexpugnabilidad del navarro. Cumplió su palabra. Lo consiguió, no sin esfuerzo, por méritos propios. Porque: fue Chioccioli quien rompió la carrera a cinco kilómetros del alto de Alpe Segletta. Se trataba de una montaña de primera categoría situada a unos 26 kilómetros de la meta. Era el punto estratétigo de la etapa. El suizo Fabian Fuchs (Banesto) había conducido al pelotón hasta él realizando un encomiable trabajo en favor de Induráín.

El ataque de Chioccioli fue algo más sostenido que en jornadas precedentes. Pero, apenas un minuto después de que alcanzara unos 30 metros de ventaja, Induráin se le echó encima. Junto a él, Chiappucci. Los dos corredores italianos estaban interesados en la fuga. A ambos les interesaba afirmar su segundo y tercer puesto, respectivamente, en la general distanciando a sus compatriotas Franco Vona y Marco Giovannetti. Éstos les tienen a tiro y todavía pueden desbancarles en la contrarreloj definitiva de mañana.

Chiappucci y Chioccioli se confabularon para imponer un elevado ritmo de pedaleo. Induráin lo siguió sin problema. Giovannetti, que sufrió una caída sin mayores consecuencias, y su compatriota Roberto Conti (Ariostea), el ruso Pavel Tonkov (Lampre) y el estadunidense Andrew Hampsten (Motorola) no pudieron atrapar a las dos grandes figuras locales de la carrera, dada la ausencia de Gianni Bugno.

Juan Tomás Martínez y Ramón Arrieta, los dos únicos españoles que, al margen de Induráin, han brillado en este Giro, tuvieron suerte distinta. Martínez volvió a resistir con los mejores y no cedió ni tan siquiera un minuto respecto a Chioccioli. Arrieta pagó el tremendo esfuerzo de la etapa del jueves, en la que fue el segundo, y perdió bastante más. Ayer también intentó una pequeña escapada su compañero en el equipo Festina, Juan Valbuena.

El sprint final hizo, si cabe, más evidente la estrategia de sus protagonistas. Induráin entro en el último kilómetro conduciendo el cuarteto -el italiano Massimiliano Lelli se afiadió a última hora- El corredor navarro, sin excesivas apetencias por ganar la etapa y consciente de que sus compañeros de fuga lo fiaban todo a la victoria en ella, dio vía libre. Chioccioli, mejor colocado, salió disparado. Chiapucci intentó rebasarle sin éxito. Lelli, pese a reservar sus fuerzas, se mostró netamente inferior. La victoria fue para Chioccioli. El veterano corredor al que por su estilo y apariencia se compara al legendario Fausto Coppi, tras cruzar la meta, dijo: "Para mí, el Giro se ha acabado. Lástima que no andara como ahora en la primera semana de carrrera. Tengo que felicitar a Induráin porque ha sabido correr la prueba de forma excelente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de junio de 1992

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