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Del sádico al oportunista

Los investigadores advierten que no hay una única fórmula psicológica que describa a todos y cada uno de los violadores. Robert Prentky, profesor de Psicología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston (EE UU), ha desarrollado una tipología basada en un avanzado análisis por ordenador de las características de cerca de 300 violadores. Los primeros resultados se publicaron en 1988 en The Annals of the New York Academy of Sciences.

El tipo más frecuente es el oportunista, cuyas violaciones son impulsivas. Entre los violadores convictos, el 23% corresponde a esa categoría. "En sus agresiones sexuales no muestran violencia más que en respuesta ala resistencia de su víctima y utilizan poca fuerza innecesaria".

Los hombres acosado s por una fantasía sexual fija que tratan de hacer realidad en una violación son otro tipo común y representan el 25% de los violadores convictos. Esos hombres. se sienten a menudo apremiados por una perversa fantasía sexual en la que fuerzan a una mujer a la relación sexual y entonces ella se enamora de ellos.

Mucho más violento es ese 32% de violadores convictos clasificados como vindicativos. "Sus agresiones son fisicamente lesivas y su intención es claramente la de degradar y humillar a la mujer", dice el doctor Prentky. Similar es un grupo del 11% de violadores cuyo motivo impulsor es la cólera contra todo el mundo en general. Pero, a diferencia de los que odian a las mujeres, esos violadores odian tanto a hombres como a mujeres y son los que con mayor probabilidad infligirán las lesiones físicas más graves a sus víctimas.

Los sádicos sexuales son el tipo más raro, solamente el 8% de los violadores convictos. Esos hombres están obsesionados con fantasías sádicas que pretenden realizar en sus violaciones. "Para el sádico el miedo de la víctima es un estímulo sexual".

Otras investigaciones sugieren que es la violencia, más que el erotismo, el engranaje que mueve al violador. La Universidad de Michigan realizó un estudio sobre excitabilidad sexual entre 200 estudiantes que fueron entrevistados diez años más tarde. "Muchos de los hombres que se sentían muy excitados con escenas de violación en edad estudiantil utilizaban diez años más tarde la fuerza física con su esposa o su novia para tener relación sexual precisamente cuando ella no quería", explica Neil Malamuth, director del estudio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de marzo de 1992