Armenia y Azerbaiyán piden ayuda internacional para detener la guerra

Palabras de paz y actos de guerra. Los dirigentes de Armenia y Azerbaiyán coinciden en angustiadas peticiones de ayuda internacional para acabar con el conflicto de Nagorni Karabaj, enclave de población mayoritariamente armenia pero ubicado en Azerbaiyán. Sin embargo, prosigue la sangría que se ha cobrado en pocos días casi tantas vidas, más de mil, como en cuatro años de lucha.

Fusiles automáticos, tanques, misiles Grad, morteros, cañones sin retroceso y otras armas del variado arsenal procedente, en su mayor parte, de un Ejército Rojo en descomposición entraban ayer en acción, una vez más, elevando la temperatura bélica, que en los últimos días ha alcanzado cotas de salvajismo sin precedentes.La matanza de Jodzhali (con centenares de ancianos, mujeres y niños asesinados por milicianos armenios) o la de Azerán (con numerosas víctimas del otro bando) hacen cada vez más difícil que se acuerde un alto el fuego.

El odio y la venganza no quieren dejar paso al compromiso. Pese a ello, los dirigentes políticos hablan de diálogo y de paz. El presidente armenio, Levón Ter-Petrosián, ha lanzado un llamamiento a las Naciones Unidas para que intervengan de forma inmediata, incluso con el envío de cascos azules. Azerbaiyán, por su parte, ha propuesto la convocatoria de una conferencia regional, en la que tomarían parte, además de las dos repúblicas enfrentadas, Irán, Rusia, Turquía y, tal vez, la otra caucásica: Georgia.

Armenia y Azerbaiyán aceleran, mientras tanto, los preparativos para crear ejércitos propios con el armamento y gran parte de los efectivos de las unidades del Ejército Rojo en las respectivas repúblicas. Si llevan adelante sus propósitos y estalla una guerra abierta, los países vecinos -y muy especialmente Rusia y Turquía- podrían verse también implicados.

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