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Montenegro opta por seguir en Yugoslavia

La república de Montenegro, la única que aún forma parte con Serbia de la presidencia de la federación de Yugoslavia, ha decidido por mayoría de sus habitantes permanecer en este Estado que otras cuatro repúblicas tambien fundadoras han decidido abandonar.Con el 66% de los votos, los montenegrinos decidieron ratificar los planes del presidente Momir Bulatovic de permanecer en una federación con Serbia, su gran aliado histórico. La oposición había llamado a boicotear el referéndum por considerarlo una farsa, ya que la pregunta insistía en si se quería un Estado soberano' dentro de la federación yugoslava.

Esta situación está, según la oposición, en abierta contradicción con la política desplegada por la actual dirección de Titogrado que, desde que fue aupada al poder por el presidente serbio Slobodan Milosevic en su "revolución antiburocrática yugoslava" en 1987, ha destacado por su sumisión a la política serbia.

Este resultado permite a Milosevic contar con al menos una república aparte de Serbia para intentar legitimar una nueva federación como heredera de la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia creada, por Tito en 1944.

El aliado de Serbia

Montenegro -con sus 600.000 habitantes, la menor de las repúblicas de la extinta federación- ha sido. el principal aliado de Serbia en la presidencia federal yugoslava en la guerra contra Croacia y en -los intentos de presentar internacionalmente el proceso de descomposición de todo el país como una lucha de la federación contra fuerzas separatistas en Eslovenia y Croacia, primero, y en Macedonia y Bosnia-Herzegovina, después. Montenegro prestó a Serbia un apoyo incondicional en- la presidencia federal, y como tal jugó un gran papel en el bloqueo de ésta en vísperas de la guerra en Eslovenia y Croacia. En una consulta simultánea, los montenegrinos decidieron que la capital retomara su viejo nombre de Podgoriza, abandonando el de Titogrado que le había sido puesto en honor de Tito al final de la II Guerra Mundial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de marzo de 1992